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miércoles, 4 de abril de 2012

Un muñeco muy caro

Al igual que Maria Julia Alsogaray, "Aime" es un fiel ejemplo de la
"plasticidad" politica de los militantes de la UCEDE y del falso reciclaje dentro de las filas
"nacionales y populares"

Por Ezequiel Alvarez

Fue el elegido, hoy es el blanco. Amado Boudou fue una apuesta fuerte de kirchnerismo, el candidato de CFK para la vicepresidencia,  el delfín para las próximas elecciones presidenciales y el que le dio “contención” a la presidenta en los momentos de mayor soledad. Pero ¿Quien es “Aime”? ¿Qué oculta su pasado que permite entender su traumática estadía en la Rosada? Es, al fin de cuentas, un nuevo muñeco descartable, caro pero muñeco al fin,  en el Palacio bonapartista. Un muñeco que aún retiene el “apoyo” de la poderosa mesa chica solamente porque su caída significaría otro horror que pondría nuevamente en evidencia el cuestionado método de construcción cristinista, en donde muchos funcionarios y estructuras oficialistas temen verse reflejados.

AQUELLOS BUENOS Y VIEJOS TIEMPOS.

Frisco Bay era el termómetro de la noche marplatense. Boliche “top” por excelencia, fue una gran pasarela para las figuras que frecuentaban la “perla atlántica” en la década de los 80. Entre tragos y charlas, “Aime” logró tener un lugar en el local nocturno. Primero arrancó como tarjetero en las playas y luego pudo dar rienda suelta a dos de los grandes amores de su juventud –aparte de militar en las filas de la Unión del Centro Democrático (UCEDE)-, trabajar de disc jockey y encargarse de contactar a los principales grupos musicales del momento, como Los Pericos, Los Ratones Paranoicos, etc. Incluso llegó a demostrar su habilidad “pinchando” discos en Sobremonte y El Morro de Santa Clara del Mar. Pero, su ambición lo llevó a más y armó una empresa de organización de eventos que produjo los míticos recitales playeros Rock in Bali, donde tocaron Sumo, Virus, Los Violadores y Soda Estéreo. En la noche, Amado Boudou era un personaje conocido, siempre con un look canchero, amante de las guitarras y las motos de alta cilindrada. ¿Había algún lugar mejor para ser un bon vivant que Mar del Plata en verano? Playas, mujeres, noches interminables, amigotes por doquier. Amado era un pez en el agua durante la temporada estival, y fuera de ella sabia muy bien qué negocios hacer. Pero no todo fue descorchar y entregarse a los placeres de la noche. Ya desde joven comenzó a destacarse como alumno de Economía en la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde obtuvo un 8,19 de promedio final.  Al mismo tiempo se erigió como dirigente de la Unión para la Apertura Universitaria (UPAU) –brazo estudiantil del foco infeccioso liberal de la UCEDE-. Mientras Raúl Alfonsín edificaba la salida “democrática” post dictadura, Amado era un adelantado. Las ideas por las que luchaba con sus compañeros de la UPAU –entre los que se encontraba el actual titular de la AFIP Ricardo Echegaray - estarían hermanadas en los próximos años con las medidas implementadas por el menemismo privatizador. Un pasado más de “pizza y champagne” que “nac & pop”.

La noche no solo trae resacas por la mañana, también es un lugar propicio para hacer contactos y negocios, en especial de esos que no se aclaran por más que salga el sol. Aparte, Mar del Plata es la joya de la costa atlántica durante tres meses pero  el resto del año es igual de corrupta, gris y sucia que cualquier otra gran urbe (sin ánimos de ofender a ningún marplatense). En la suciedad, Amado vio un negocio. Frisco Bay quedaba  sobre la ruta 88, pegada al basural de la empresa recolectora Venturino Eshiur, en la cual Boudou hizo sus primeras armas en el sector empresarial privado. En solo dos años, paso de ser un empleado en el departamento comercial, a hacerse cargo de la gerencia general de la compañía. En 1995,  la empresa quebró porque Mario Russak - padrino político de Amado y ex intendente marplantense durante la dictadura y de 1991 a 1995 - le sacó la mitad de la zona de recolección que cubría por incumplimiento en el servicio. Dicen que algunas conductas son reiterativas y ésta no sería la primera vez que a Aime muerde la mano que le da de comer.

PROBANDOSE ROPAJE DE PUINGUINO.

Y un día “Aime” dio el salto. Luego de 30 años viviendo en Mar del Plata, volvió a la ciudad que lo vio nacer. Fiel a su estilo, en 1998 desembarcó en Capital Federal con muchos contactos útiles y varios negocios debajo del brazo. De la mano de Benigno Velez – un viejo compañero de militancia universitaria que hasta hace poco era gerente general del BCRA- llegó a la Anses y fue escalando posiciones con el correr del tiempo. Con la ayuda de un nuevo padrino de turno y gran impulsor de su figura dentro del kirchnerismo –el ex jefe de gabinete e intendente de Tigre Sergio Massa- de un simple analista pasó a ser el titular del organismo previsional. Si hay algo que queda claro, es que Boudou sabe como escalar posiciones de manera meteórica por encima de opiniones de propios o ajenos, liberales o peronistas. Fiel a su ideología, perfeccionó sus conocimientos y realizó un master de Economía en la universidad CEMA, usina de teorías neoliberales y de exponentes de esta política como Pedro Pou, Jorge Avila o el ex ministro de economía menemista Roque Fernández. Luego, se desempeñó como profesor titular de Análisis Económico de Empresas en la institución, cosechando elogios entre su alumnado por su carisma y “la buena onda”.

Su paso por la Anses fue interrumpido en diciembre del 2003 por una licencia que solicitó para asumir el cargo de Secretario de Hacienda del Partido de la Costa, bajo la gestión de Juan De Jesús. La firma de Amado fue la encargada de rubricar el polémico Plan Federal de Viviendas que lanzó Julio De Vido. Plan devenido en escándalo porque de las 486 casas que debían ser construidas en San Clemente, San Bernardo y Mar de Ajo, solo se hicieron 100 a la fecha estipulada para la finalización de las obras. A todo esto, la empresa constructora involucrada, Cantera FC, abandonó el proyecto sin concluir, pero con las cuentas bancarias a tope,  ya que cobraron más del 70 por ciento del presupuesto total. La suerte y la agenda de Boudou jugaron un buen desempeño para que la investigación fuera archivada en el Consejo Deliberante, con el voto de la mayoría oficialista K.  Un momento clave en la vida de “Aime” fue cuando Néstor Kirchner dio el visto bueno para implementar el proyecto de la estatización de las AFJP elaborado por el ex disc jockey. Ese hecho dividió aguas en su vida personal y fue una aparente redención de su pasado, incluso fue cuestionado por su entorno liberal y dejó de frecuentar CEMA. Este reciclaje dentro del proyecto “nacional y popular” y las inocultables simpatías que le prodigaba CFK le permitieron a Boudou acceder al máximo cargo del Palacio de Hacienda en 2009. Joven, de clase media, pintón, educado en las universidades del establishment - pero con una cintura política para tomar medidas en sintonía con el despacho presidencial -, el actual vicepresidente comenzó a hilvanar un incipiente entramado político “propio”, aunque siempre bajo la mirada atenta de Cristina Fernández. Ya para entonces, tenía excelente relación con De Vido, uno de los actuales “borrados” de la mesa chica presidencial. Es que, gracias al dinero de la caja jubilatoria, el Ministro de Planificación pudo financiar alguno de los proyectos más importantes de infraestructura de la gestión, como la construcción de las centrales térmicas de Ensenada, Santa Fe, Pilar –a cargo de la empresa kirchnerista Electroingenieria- y la finalización de Atucha II.

TARJETEANDO DESDE EL MINISTERIO.

Pero ya consolidado en su despacho de Hipólito Yrigoyen 250, Boudou comenzó a hacer de las suyas de nuevo. El vicepresidente no es una persona a la que le falla la memoria y menos con un cargo de suma importancia; aunque el control de la economía real estaba en manos del propio NK. “Aime” se acordó de viejos amigos a los cuales no dudo en convocarlos para que sean sus aleros en esta nueva etapa. A modo de una rendición de cuentas, su primera reunión como ministro de Economía no fue con CFK, ni con otro ministro o ficha clave en el armado oficialista, sino que invitó a su oficina a Marcelo Artime, amigo personal de la UCEDE y presidente del Consejo Deliberante marplatense que archivó el desfalco que manchó al Plan Federal de Viviendas del Partido de la Costa.  A la hora de formar su equipo de trabajo más cercano, también recurrió a viejos amigos. Algunos cargos se efectivizaron y otros no, como el caso de Juan Guiñazu. Este abogado marplatense había cumplido funciones en la Anses cuando Boudou era el titular del organismo.  Ya en su cargo de ministro, él evaluaba reubicarlo al frente de la Secretaría de Política Económica o en la Jefatura de Gabinete de Economía. Lo que pocos saben es que el padre de Juan Guiñazu, Rafael, tiene un amplio y oscuro prontuario dentro de las Fuerzas Armadas, desempeñándose como capitán de fragata, subjefe de la Base Naval de Mar del Plata en 1977 y jefe de Buzos Tácticos de 1976 a 1978. Actualmente se encuentra en arresto domiciliario, imputado de 430 hechos de torturas física, psicológica y violaciones. Sería interesante preguntarle a Boudou cómo logró mantener una relación afectiva y laboral con personajes ligados al genocidio del pueblo argentino mientras se desempeñaba como funcionario del “gobierno de los derechos humanos”.

La estadía de Boudou frente al Ministerio de Economía fue muy prolífera para su patrimonio y para los bonistas extranjeros. ¿Qué otra cosa se podría esperar de un joven político que “mamó” la doctrina de Alvaro Alsogaray y se admiró con Adelina y María Julia?  Su gestión se caracterizó por una búsqueda incesante de hallar la forma de pagar la deuda del Club de París, por un intento de saldar las cuentas con los bonistas que quedaron fuera del acuerdo, y por  garantizar  el pago de la deuda externa. Sólo eso. Ninguna reforma económica seria, ningún punto de vista original de ese modo, ninguna objeción al manejo K. de la economía. Eso sí: esas pocas medidas tenían como objetivo preparar las condiciones para reiniciar el tradicional ciclo de endeudamiento externo, dependencia y servilismo  que ha caracterizado a la economía argentina. Durante ese período de casi dos años, “Aime” infló su cuenta bancaria,  acrecentó su agenda comercial y cultivó la simpatía de CFK, pero al costo de cosechar poderosos e influyentes enemigos dentro del Palacio. En su declaración jurada del año 2010, informó que su patrimonio había aumentado un 65 por ciento, pasando de  $887.561 a $1.466.030. Algo poco claro teniendo en cuenta que su sueldo anual era de $338.130 y que, además, tuvo recursos suficientes parar crear una nueva empresa inmobiliaria y de inversiones  con José María Nuñez Carmona, un viejo socio y amigo  que ya venía “salpicado” en un caso de soborno por pauta oficial de publicidad. Siempre fue visto como un agente extraño por la militancia y los pingüinos de paladar negro. Pero, gracias a que el viento de cola empujó la economía argentina y que no fue tan golpeado por los escándalos o reveses como sus antecesores (Felisa Miceli y Martín Lousteau) ese rechazo  fue minimizado y no tuvo consecuencias mayores.

Luego de la muerte de Néstor Kirchner, Amado comenzó a tener un rol protagónico aún mayor, ya que era  -según el mismo se ocupaba de difundir a los cuatro vientos- quien se encargaba de “contener” a la presidenta en un momento muy delicado. Este favoritismo presidencial  -que culminó en su selección como vicepresidente- le generó, como contrapartida,  una ruptura irreversible con el que hasta ese momento era el círculo íntimo de Olivos: Máximo Kirchner –es decir La Cámpora-, el Secretario de Comercio Guillermo Moreno, el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia Carlos Zanini, el titular de la Secretaría de Inteligencia Héctor Icazuriaga, la Ministra de Seguridad Nilda Garré y su hijastro Abal Medina se sumaron a sus viejos enemigos, encabezados por el Ministro de Interior, Florencio Randazzo.  Párrafo aparte merece la relación de Máximo e Icazuriaga: el numero uno de la Secretaría de Inteligencia es un “pingüino” de ADN,  su relación con los Kirchner viene de la época donde la familia ostentaba la gobernación de Santa Cruz y conoce a Máximo desde temprana edad. No es ningún secreto que el hijo de NK y CFK se ha vuelto un asiduo seguidor de los “papers de inteligencia” y  a sus manos habrían llegaron varias desgrabaciones de conversaciones telefónicas mantenidas por el actual vicepresidente donde hace alarde y ciertos comentarios poco reservados sobre su relación con Cristina a una serie de amigos y empresarios. Como para cubrirse las espaldas, Boudou proclama a todo viento que “Nací en la política dentro de este proyecto político”,  pero  él sabe que su periplo ideológico y su ascenso fugaz han entrado en zona de riesgo y   que lo están controlando constantemente. Incluso él mismo denunció que su cuenta personal del mails está hakeada y hasta el propio Ministro del Interior, Florencio Randazzo, tuvo que salir a desmentir los rumores que aseguraban que era el encargado de la operación. 

UN GRUPO DE AMIGOTES SE LANZA A LA AVENTURA. 

El escándalo Ciccone Calcográfica es un síntoma del desgaste que sufre el entramado político que construye unilateralmente CFK. ¿Qué era lo que buscaba a la hora de elegir un compañero de fórmula? Según ella era la época de emprolijar el “proyecto” -de lo que ahora dio por llamar la “sintonía fina”- y para eso era necesario dar un signo claro a la  burguesía nacional y a los agentes financieros extranjeros. Poner a un “Chicago Boy”, amigo personal de la actual Directora del FMI, la francesa Christine Lagarde,  de vicepresidente era una muy buena señal para los banqueros internacionales frente a un panorama local de arcas flacas producto de la disminución del superávit fiscal. Fue a la sujeción económica lo que la aprobación de las Leyes Antiterroristas significó en relación al GAFI y el G 20: buena conducta. Cristina buscaba inmunizarse frente a los posibles focos de conflictos abriendo canales de diálogo con la usura internacional, haciendo todo lo posible para congraciarse sin traicionar totalmente su discurso, e incluso cerrando aún más su círculo interno, desoyendo hasta a su propio hijo. Y en ese juego cometió el pecado de confiar ciegamente en obsecuentes y halagadores, especialmente si provenían o tenían fluida relación con el establishment y, mejor aún, si eran jóvenes y apuestos. Primero fueron  Lousteau y Mazza, después llegó Amado y todos fueron detestados por NK.  Pero, en su caso, había toda una historia de oportunismo y negocios personales vinculados con la política que debieran haber alertado a la presidenta. Esa zaga no era desconocida por varios de los conspicuos miembros de la reducida corte, los que permanecieron con la guardia alta ante los encantos del carilindo ministro. Ellos sabían que, tarde o temprano, la perdiz iba a volar.  Sólo era cuestión de tiempo.  Entonces, salió a la luz el caso Ciccone, capitalizado por los monopolios burgueses de comunicación, una comatosa oposición y por los recelosos sectores kirchneristas que veían en Amado un fuerte y poco confiable delfín con acceso directo a las partes más reservadas del Palacio.

A la luz de las últimas novedades en este affaire, el escándalo viene de lejos y empieza a manchar mucho más allá del círculo de amigotes de Boudou. Aún cuando estaba en  su cargo de ministro, “Aimé” aconsejó “desinteresadamente” a la mesa chica de Olivos avanzar sobre Ciccone por dos motivos: evitar el desabastecimiento de papel moneda -y el papelón de volver a imprimirlo en Brasil- y para quitar del medio  al misterioso Grupo Boldt, sospechado de “duhaldismo” residual y de jugar con De Narváez en las anteriores elecciones bonaerenses. Boldt pertenece a Antonio Tabanelli, un muy buen socio de Eduardo Duhalde, que obtuvo  beneficios excepcionales como el monopolio del juego en el norte del conurbano bonaerense y hasta la concesión del juego online y las máquinas tragamonedas. También es el concesionario prorrogado de la mayoría de los casinos de la provincia, empezando por el de Mar del Plata y siguiendo con el de Tigre, tan cercano al nuevo enemigo de los K, Sergio Mazza. "Boldt es Duhalde", es una afirmación muy acertada que fue creciendo luego de la derrota kirchnerista en el 2009. Los padrones para esas elecciones fueron confeccionados por una empresa gráfica del grupo Boldt, el que, aprovechando las extremas dificultades financieras que atravesaba la familia Ciccone, no sólo le soplaba negocios tradicionales sino que ya había puesto un pie en la propia competidora. Las fuentes de Palacio aseguran  que Tabanelli tuvo la osadía de hacerle llegar esos padrones  por adelantado y “por afuera” al padrino bonaerense con lo que le facilitó la tarea electoral a su candidato de entonces (De Narvaéz). En ésas circunstancias, entregarle el negocio de la impresión de los nuevos billetes a Ciccone era entregárselo a Boldt-Tabanelli y, con seguridad era darle aire a las exhaustas arcas del duhaldismo. “Aime” –con la misma rapidez con la que enganchaba canciones en Frisco Bay- vio un negocio y  comenzó a gestar las condiciones para manotearlo. El primer paso era evitar que la Casa de la Moneda, empresa estatal donde tradicionalmente se imprimían los billetes, se reequipase a pleno para volver a cumplir su rol fundacional. Sólo hacía falta comprar algunas maquinarias nuevas y adecuar los procesos productivos y la vieja Casa volvería a estar en condiciones competitivas para imprimir bellos billetes, como aquellos de dos pesos con la cara de Menem que Armando Gostanian -su titular de épocas olvidadas-  mandó a confeccionar para halagar al jefe. Pero si la Casa se modernizaba,  chau negocio. Entonces, Aimé colocó en la presidencia de la Casa de la Moneda a una  de sus amigotas –Katya Daura-  y desde allí obstaculizaron cualquier tentativa de aggiornar la empresa. Ahora sólo restaba apoderarse de Ciccone y ordenarle la impresión de billetes que, de pronto, pasaba a ser urgente. 

Los argumentos conspirativos de Boudou contra Ciccone-Boldt-Duhalde calaron  hondo en la sensibilidad de un Palacio donde todo se mira con ojos de polizontes y donde todo es válido para impedir que reviva el espíritu del caudillo bonaerense. El visto bueno por parte de CFK no tardó en llegar. La estrategia fue que Boudou se encargara de encontrar un grupo empresario nacional que se hiciera cargo de la empresa y levantara su quiebra, cuyo principal actor y acreedor era la AFIP, es decir su amigo Etchegaray!!  Varios de los cortesanos, incluso la propia presidenta, habrían imaginado  que Boudou iría a ofrecerle el negocio  a un Eskenazi, Grobocopatel, Ellrstein Spolsky, Electroingeniería  o cualquier empresario con “conciencia nacional y popular”, de pocos escrúpulos y gran  eficiencia en eso de repartir la torta, garantizar reserva y mantener a los buitres y a los medios callados.  Pero, resultó que  el “grupo  empresario” elegido por el entonces ministro se asemejaba más a una banda de lúmpenes pequeño-burgueses, viejos amigotes de la noche y de la vida,  que a la nueva burguesía nacional kirchnerista y, ni hablar, que a  los sectores tradicionales de las clases dominantes. Cristina Kirchner se habrá llevado una fea sorpresa cuando se enteró que los encargados de tan delicada tarea iban a ser personajes de la calaña de José María Núñez Carmona y Alejandro Vandenbroele, un monotributista de la escala más baja de la categoría, señalado por su ex esposa como “testaferro de Boudou”. Y no hace falta investigar demasiado para cruzar las declaraciones juradas para establecer nexos entre Núñez Carmona, Vanderbroele y Boudou.

EL LEVANTAMIENTO DE LA QUIEBRA.

El primer paso para apoderarse de la empresa era que los Ciccone aceptarán romper cualquier tratativa con el Grupo Boldt-Tabanelli  y reemplazarlo por un extraño y desconocido Fondo de Inversión, The Old Fund,  radicado en una elemental oficina montevideana, el que sería representado por Vandenbroele,  quien se encargaría de levantar la quiebra de la fallida y hacerse cargo de un pasivo enorme, pero ahora licuado y súper financiado. A cambio de ello, el misterioso y joven empresario se quedaría con nada menos que  el 70 % de la vieja empresa familiar. Y, como decíamos antes, el gran obstáculo a sortear para salir de  la quiebra era la deuda que el Grupo Ciccone mantenía con la AFIP y que constituía la mayoría absoluta del pasivo de la empresa. Pero de eso se encargaban “Aimé” y su amigo Ricardo. Para ésa época, 2010, Ciccone adeudaba a la AFIP una cifra que superaba holgadamente los ciento veinte millones de pesos. Vandenbroele se sentó a negociar un nuevo plan de pagos con el departamento jurídico del ente recaudador, que terminó con un insólito acuerdo firmado en noviembre de ése año. Por medio del mismo, la AFIP levantaba su pedido de quiebra mediante un inusual plan de pagos que superaba cualquier esquema legal utilizado hasta el momento por el ente: 168 cuotas con una tasa de interés de sólo el 0,5 %, inferior, de manera escandalosa, a la regulada en todos los acuerdos anteriores. Pero, para lograr que el Departamento Legal de AFIP avalara el acuerdo y posibilitara la ansiada firma de Ricardo -el mismo  de la vieja UCEDE, Etchegaray-, Amado debió pedir por escrito un tratamiento preferencial para la empresa, para cubrirle las espaldas a su amigo. Así se  llegó al absurdo cuando, en un  escrito oficial, Boudou se dirigió a su amigo Etchegaray pidiéndole  que sea benevolente con la  Compañía de Valores Sudamericana SA (CVS) –como se rebautizo a Ciccone luego del ingreso de Vanderbroele-. Por medio de ese documento, que firmó Boudou el 8 de noviembre de 2010, la AFIP destrabó la situación y CVS logró aquella  moratoria extraordinaria. Con un pago inicial de poco más de un millón de pesos. El principal y privilegiado acreedor de la quiebra se daba por satisfecho y se allanaba al levantamiento de la inhibición judicial, arrastrando detrás suyo a los demás acreedores. Cuando estalló el escándalo, durante la conferencia de prensa que debió realizar  Echegaray para dar alguna explicación que lo pusiese a salvo, un periodista  le preguntó por cuantas de las muchas empresas que se encuentran en la misma situación –o peor teniendo en cuenta la cantidad de trabajadores involucrados- el ex Ministro de Economía intercedió tan eficazmente. No pudo contestar, sencillamente porque fue el único caso!!

Sin embargo, las balas siguen repiqueteando cerca de la AFIP y desnudando el circulo de complicidades: ahora resulta que todo el acuerdo firmado en el 2010 podría ser declarado ilegal porque no se incluyeron en la cuenta los casi 20 millones de pesos de intereses impagos que llevaba acumulada la deuda original de Ciccone al momento de la firma de ese convenio. O sea que, en el apuro por satisfacer el pedido del entonces ascendente delfín, toda la eficiencia recaudadora de la agencia fue “incapaz” de detectar una diferencia de esa magnitud!! No obstante, con las cuentas “arregladas” con la AFIP, Vandenbroele se dedico a “melonear” y apretar a los demás acreedores. Con la misma trama de presiones y favores, obtuvo  acuerdos de similar benevolencia, que aún no salieron a la luz, con el Banco Provincia y el Nación y convenció a los trabajadores de que aceptaran su nueva gestión y pospusieran sus reclamos en la quiebra, porque, coinciden varios de ellos, “el gobierno me banca”. Quizás usó el mismo argumento para que el juzgado interviniente le diera curso al acuerdo extrajudicial en tiempo récord y así, con apenas un millón y medio de pesos, Boudou y sus amigos se hicieron con el control de una empresa que no vale menos de 250 “palos” y a la que le garantizaban trabajos por cifras siderales. Pero ni siquiera ese miserable “palito y medio” salió del bolsillo de los muchachos: dicen, cerca del Palacio, que lo aportaron  algunos amigos banqueros del entonces ministro, quizás como pago de reservados favores. Dicen, también cerca de la Corte, que el propietario del Banco Macro, Jorge Britto, no sería ajeno a estos enjuagues y que ello explicaría su actual eclipse de los pasillos del poder.   

MOVIMIENTO DE FICHAS.

El silencio que se mantuvo desde las esferas oficialistas -a partir del destape de la trama secreta del caso Ciccone y su judicialización- fue utilizado por los medios monopólicos opositores para golpear la imagen del vicepresidente y por añadidura la de CFK. ¿Qué diferencia los anteriores escándalos dentro del gobierno kirchnerista del caso Ciccone? A Boudou –que fue elegido por la presidenta sin ningún tipo de consentimiento y callando  críticas de sus más íntimos-   lo apuntan desde afuera y desde adentro. También fue duramente criticado por Hugo Moyano, que paso de ser un leal aliado al gobierno nacional y ferviente defensor de Amado ser un “paladín de los obreros” y a afirmar que “la Justicia debe ir hasta el fondo, hasta donde corresponda” y que el caso Ciccone es “un tema delicado que no puede pasar inadvertido”.  Está claro que la presidenta comienza a pagar el precio de su personalismo y que una precipitada y abrupta salida del vicepresidente sería un duro golpe que no entra en los planes de nadie. Para contrarrestar los ataques, Boudou fue “empujado” a desfilar por los medios de comunicación oficialistas de una manera tan lastimosa que hasta la pregunta más ingenua del mercenario de turno lo incomodaba y se excusaba en un “es todo mentira”. También debió suspender una exótica gira por Corea del Sur y el Sudeste asiático cuando estaba con u n pie en el avión. Varios fueron los funcionarios –que por orden presidencial- salieron apoyar al vicepresidente, aunque sea tibiamente. Uno de ellos fue Gabriel Mariotto, quien afirmó que Boudou es un “hombre de una gran sensibilidad, un gran compañero, un militante comprometido con la construcción política que conduce Cristina”. No es un dato menor que Mariotto salga en defensa del que picaba en punta para suceder a CFK, ya que es el hombre del cristinismo dentro de la Provincia de Buenos Aires que  desgastar a Scioli, uno de los grandes ganadores de la caída de “Aime”  en sueño de futuro candidato a presidente. Si algo queda claro, es que nadie puede ir a fondo por la cabeza del vicepresidente. La oposición burguesa sabe que la Justicia cómplice K solo puede llegar a condenarlo con una pena menor ligada con al tráfico de influencias, de tenor insignificante   comparada con la destrucción de su imagen pública y de su programada candidatura como sucesor de CFK. En la mesa chica de Olivos, nadie derrama una sola lágrima por “Aime”, sino que observan atentos cada movimiento de una causa judicial que tiene aires de un nuevo caso Skanska: mucho ruido, mucho escándalo, muchas  sospechas, mucho desprestigio pero poco y nada de justicia efectiva.

Como para reafirmar ante el país que “acá no pasa nada, mando yo!”, el último día hábil de marzo, la Presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont -siguiendo expresas instrucciones de CFK- ordenó, con carácter de urgente y sin licitación o concurso de precios alguno, la impresión de una nueva partida de billetes de cinco, cincuenta y cien pesos. Mágicamente, la Casa de la Moneda había sido puesta en condiciones de hacerse cargo de la mayor parte de la tarea, pero, una porción significativa le fue otorgada a la empresa de los amigos de Boudou. Y no se trata de un negocio menor: el estado nacional le pagará a Ciccone-Vandenbroele- la friolera de 170 millones de pesos!! No pasa inadvertido que, en medio del escándalo –con investigación judicial abierta y en progreso- esta decisión es una reafirmación del estilo bonapartista de decisiones que caracteriza al “cristinismo”, por un lado, pero, también a la necesidad de salir en defensa pública del deteriorado Boudou, más parecido, en la actualidad a una famélica mojarra que a un prometedor delfín. La similitud entre esta reacción del Palacio y los aplausos y ovaciones  de despedida al héroe Juan Pablo Schiavi -ex Secretario de Transporte y primer responsable de la tragedia del FC Sarmiento-, a la defensa irracional y mendaz de la megaminería y a tantos otros desatinos que comienzan a ser habituales, habla por si sola. Un gobierno que alcanzó el pico de su popularidad hace tan sólo cinco meses,  se encuentra, cada vez más sumergido en un pantano de dificultades en el que demuestra menos cintura política que Bambi pero más presunción imperial que María Antonieta. En tanto, las encuestas de opinión –a las que era adicto NK y que tanto detesta CFK- hablan, a fines de marzo, de una caída en lo que va del año del 19 por ciento en la imagen positiva del gobierno. Pero nada, ni esas encuestas, ni la bronca popular por la tragedia ferroviaria, ni el malestar por los aumentos incesantes de los precios, ni el escándalo Ciccone parece que fueran a alterar el curso general del gobierno a confrontar con su propia base electoral, claramente en proceso de desencantamiento con los ritos y, sobretodo, con las políticas palaciegas.

“La historia de los vicepresidentes ha sido bastante triste y yo voy a ser el mejor vicepresidente que ha habido, porque voy a estar acompañando a la presidenta hasta el último día  formando parte de su proyecto político” proclamó “Aime”. Duro y arduo camino tiene por recorrer, aunque todo parece indicar que se va a despistar antes de tiempo. Hoy, es un vicepresidente sin poder y con futuro de pronóstico reservado, al cual la Justicia acaba de allanarle su casa por la causa Ciccone. Su día se divide en presidir el Senado de la Nación Argentina, disfrutar de sus motos mientras pasea en su Puerto Madero adoptivo y esperar que vuelvan a atender su teléfono aquellos que lo hacían cuando él era el elegido, sin olvidarse de cumplir con sus apariciones en importante en ceremonias y actos protocolares de significación cuasi escolar.  Hasta la misma presidenta CFK se encargó de asestarle un duro golpe al ningunear a su amigo y heredero político en el Palacio de Hacienda, Hernan Lorenzino, y darle el manejo real de la cartera a Axel Kicillof, economista de La Cámpora que ocupa el segundo lugar jerárquico en el Ministerio de Finanzas Públicas, mientras que la economía diaria es controlada por Guillermo Moreno. Así, su incipiente entramado de amistades políticas está casi extinto. Lo que Cristina da, Cristina quita, y “Aime” esta más solo que nunca. Muchos funcionarios que fueron tocados por el dedo del beneplácito presidencial y catapultaron su carrera dentro del kirchnerismo, conocen bien esa gran verdad. Temen, en lo profundo, no ser el próximo muñeco en un juego capitalista donde hay una sola reina que, además, reina sola.


La nota fue publicada en la Revista La Maza

lunes, 19 de diciembre de 2011

A diez años del 2001: La gesta de una nueva traición


 La clase trabajadora continúa pagando los platos rotos del capitalismo. Las medidas económicas progresistas del kirchenrismo no fueron tomadas por ideología de los gobernantes, sino porque el sistema necesitaba mostrar su mejor sonrisa, para ocultar su rostro de horror y hambre. Subsidios, planes universales y desactivación de la militancia son algunos de los mecanismos de control que la burguesía comenzó a vislumbrar desde el momento que De La Rua renunció

 Por Ezequiel Alvarez


AQUELLOS DIAS DE DICIEMBRE

Las detonaciones de escopetas retumbaban en la “City porteña”. El Estado se caía. Mientras, en el aire, un helicóptero apresurado huía rumbo a la historia. La Avenida de Mayo - adornada con una alfombra de cascotes- fue la vena por donde se desangró la Argentina “neoliberal”. Pero esta sangría fue un proceso -lento y silencioso iniciado en los 70 que llegó a su punto culmine cuando la clase media se vio enjaulada y privada de lo más precioso que posee: sus ahorros. Las imágenes se repetían en todos los rincones del país: cientos de miles de cacerolas llenas de bronca retumbaban junto a millones de estómagos vacíos. El establishment y la clase política, comandada por Fernando De La Rua, no tenían una respuesta inmediata para arreglar los problemas causados por su avaricia capitalista. No había solución que no implicara un nuevo engaño al pueblo argentino y a su clase trabajadora. Las calles se transformaron en barricadas, el helicóptero se encendió y la traición comenzó a tomar forma.

Para entender el por que del estallido económico y social del 19 y 20 de Diciembre es necesario partir de una base: la crisis del 2001 fue una crisis capitalista en Argentina, caracterizado por la destrucción industrial, la hegemonía de la burguesía financiera y la extranjerizacion de la economía. Fue de carácter capitalista –y no neoliberal como muchos sectores del forismo intentan imponer para acotar la onda expansiva y dejar reductos para el reformismo- que eclosiono atacando a uno de sus principales “productos y aliados”: la clase media. Aquella que durante los 90 paseaba en Miami, tierras gringas donde no llegaban los gritos de agonía de la clase trabajadora y el proletariado en harapos. En el periodo del menemato, las políticas económicas de Martínez de Hoz dieron un salto cualitativo y cuantitativo. Miles de grandes fábricas cerraron, la extranjerización económica y cultural fue avasallante. Pese a los constantes reveces, los sectores más excluidos resistieron en cada piquete o manifestación incluso hasta dar la vida, como con los asesinatos de Teresa Rodríguez o Anibal Verón. Estas políticas económicas fueron promovidas especialmente por Domingo Cavallo -ex Ministro de Economía del menemato y de la Alianza que transformó el Palacio de Hacienda en un apéndice del FMI- y pusieron al país al borde del precipicio. La gran vedette menemista fue la privatización: fueron vendidas a capitales extranjeros la empresa estatal de telefonía y comunicaciones, Aerolíneas Argentina, YPF y sus derivados, los ferrocarriles, la industria del hierro y el acero, las compañías de gas y agua, cientos de inmuebles estatales y se dieron en concesión cerca de 10.000 kilómetros de autopistas, varias represas hidroeléctricas, etc . El saldo -más que negativo- fueron millones de despedidos o “retirados voluntariamente”, unos magros 27.000 millones de dólares en las arcas estatales y un país de rodillas. Para fines de 1999, luego de diez años de intensivo saqueo y convertibilidad, Argentina le debía a la banca internacional más de 145.300 millones de dólares, veinte veces la deuda externa antes de la última dictadura militar. Haciendo un paralelismo con la medicina, el paciente era terminal y su metástasis voraz. Convengamos que siempre estuvo enfermo y cargo con el cáncer del capitalismo, pero la Dictadura Militar empeoró el cuadro, Menem lo llevó a terapia intensiva y De La Rua no sabia ni para que servia la penicilina.

PUEBLO QUE LUCHA, PUEBLO QUE APRENDE…

Hacia fines de 2001, con la Alianza en el poder y Chacho Álvarez en su casa, la situación de hambre en la clase trabajadora pudría el efímero entramado social. Según los datos que arrojaba el INDEC, en la Capital y Gran Buenos Aires había más de 3,5 millones de personas bajo la línea de pobreza y, a nivel nacional, la suma ascendía al 40 por ciento de la población, es decir más de 15 millones de habitantes. La desocupación era un flagelo tangible, afectaba a más de un cuarto de la población y seis de cada diez trabajadores ganaban menos de 500 pesos mensuales. Mientras -silenciosamente- la economía argentina y el sistema financiero era socabados por el mismo capitalismo. Gracias a la “remisión de utilidades” –sacar el dinero del país hacia las metrópolis capitalistas- por parte de las grandes empresas, los depósitos bancarios bajaron de 87.000 millones de dólares a principios de del 2001 a 19.400 millones hacia fines de abril de 2002. Para ese entonces, el gobierno de De La Rua ya había demostrado que sus respuestas eran el ajuste, la flexibilización laboral y el recorte de salario para la clase trabajadora. El 2 de diciembre, Cavallo les da al pueblo argentino su último “regalo” antes de Navidad: el corralito. “Hemos tenido que adoptar una medida transitoria de limitación a la extracción de dinero en efectivo”, comunicó el ex ministro. Es decir, restricción para poder retirar el dinero depositado en entidades bancarias en plazo fijo, caja de ahorro y cuentas corrientes. ¿Qué se ocultaba detrás del corralito que transformó en “bolcheviques” a cientos de miles que otrora disfrutaban de la pizza con champagne? Para todos los economistas del establishment, esta medida era necesaria para evitar una corrida bancaria. La realidad fue que la crisis tenía que ser frenada y no castigar de modo ejemplar a las principales empresas que saquearon el país durante décadas. Encontraron una solución, la misma de siempre: que la crisis la pague el pueblo. Al final de cuentas, Argentina era un experimento de las recetas económicas del FMI, la debacle debía ser controlada y sin atacar a los intereses de la burguesía financiera.

La respuesta de la clase oprimida fueron los saqueos para cubrir necesidades básicas y un constante estado de movilización de toda la sociedad. Codo a codo, el pueblo salio a las calles y puso contra las cuerdas a una clase dirigente. El saldo no fue gratuito, 39 compañeros y  compañeras de todas las edades fueron asesinados en manos de los agentes de la represión estatal. Miles fueron encarcelados y heridos, pero lo que no se hirió fue el espíritu combativo de una nueva generación que absorbió el calor del 19 y 20 de diciembre del 2001. De La Rua fue un fusible del sistema capitalista en Argentina y su renuncia en manos del pueblo produjo un aparente vacío político institucional. Pero con el correr de los días el “que se vayan todos” comenzó a atenuarse al ver que los “mismos” de siempre iban tomando nuevas posiciones en el tablero.

Un caos institucional asaltó los  reductos legislativos. Los presidentes se sucedían entre si sin poder lograr un consenso capaz de darles la fuerza para timonear el país y reencausar el curso que pretendían. Ramón Puertas, Adolfo Rodríguez Saa – con  su “memorable” default- y Eduardo Camaño desfilaron por el sillón de Rivadavia, mientras se pergeñaba una salida “más democrática” para la crisis. El 1 de enero de 2002, Eduardo Duhalde –mafioso del conurbano y gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante la presidencia de Menem- resultó electo a dedo por la Asamblea Legislativa. El mensaje era claro: se venía la mano dura para aplacar el nuevo movimiento social que cuestionaba la a democracia  representativa argentina.

Y SE ORGANIZA

Mientras, las asambleas barriales eran espacios de real intervención popular y de legitimidad absoluta. En ellas, miles de compañeros dieron sus primeros  pasos en la política, e incluso algunas –pero muy pocasse mantienen en pie, como la Asamblea del Pueblo. Si bien las asambleas fue un fenómeno mucho más ligado a los sectores de clase media o barriadas pobres de la Capital Federal, en el conurbano y el resto del país la lucha se expresó de una manera mucho más acentuada, generando diferentes bloques piqueteros que trataron de resolver una necesidad igual de importante que la falta de comida: la falta de voz para enfrentar al sistema. Las manifestaciones sucedían, ya no eran solamente los cientos que cortaban la ruta en Cutral-Co en los 90, ahora eran un mar de ancianos, jóvenes, niños, madres y desocupados que copaban las arterias de la Capital Federal y del Conurbano.

Era el “nuevo malón” y Duhalde no iba a dejar pasar la oportunidad de intentar contenerlo con la única solución que conocía, desde sus tiempos de amigo de la Triple A: reprimir, asesinar. La tropa estaba lista y la decisión tomada: así sucedieron los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en la masacre de Avellaneda. El capitalismo no conoce otra manera de parar las crisis que reprimiendo a quienes lo señalan como causante de todo los males. Pero la respuesta popular fue contundente, maciza, multitudinaria, inesperada por el gobierno asesino. El plan había fallado, era necesario retroceder; es que hay momentos en los que las balas no alcanzan para apaciguar una sociedad insurreccionada: se impone, entonces, el tiempo del engaño. ¿Qué mejor engaño que volver a resucitar la urna burguesa, llena de promesas y mentiras? ¿Qué mejor mascarada que ejecutar políticamente a uno de los causantes de la crisis –Menem- y preparar unas elecciones en las que un “desconocido” gobernador, presuntamente progresista, sea el verdugo del riojano? El establishment llamó a elecciones anticipadas para descomprimir el caos social y Duhalde apoyó la candidatura de Néstor Kirchner, otro de los “mismos” que se había fotografiado junto al genocida Videla y al vende patria Menem, al que no vaciló en calificar como el “mejor presidente de la historia!”

LA RESTAURACION CAPITALISTA Y EL PODER
DE ROSTRO AMABLE

El día que asume Néstor Kirchner, el proceso del 2001 comienza a cerrarse. Las heridas capitalistas van cicatrizándose gracias a la conciliación inconsciente entre un pueblo oprimido y su opresor. El Estado, que antes había sumergido en la malaria a la clase trabajadora, comenzaba a embellecer su discurso. Su posición progresista y su reivindicación al Peronismo más combativo no eran otra cosa que una pantalla de humo para que el pueblo perdiera sus consignas de lucha y claudicara frente al poder “omnipotente” de la gran democracia burguesa. Los mismos de siempre seguían siéndolo. La clase gobernante volvió a su lugar espurio, expropiándole al pueblo movilizado la posibilidad de ser dueño de su destino.

Las causas de por que la clase trabajadora no logró tomar el poder son varias, entre ellas las consecuencias del apoliticismo de los 90, secuela de la gran derrota de los años 70, el aparato cooptador de los partidos tradicionales y del régimen y la falta de capacidad de respuesta frente a los constantes intentos de sabotaje al movimiento popular. Lo cierto, es que siempre existe un Kerensky capaz de cortar de raíz cualquier balbuceo de revolución. La historia deberá decir que Kirchner salvó al capitalismo en Argentina. Deberá decir que en su momento más crítico, de mayor división y debilidad burguesa, al capitalismo le  fue mucho más útil y económico el voraz clan patagónico -pese a todas sus irreverencias y desplantes, con su reivindicación de épocas malditas para la burguesía, con su populismo, sus piqueteros amigos y su discurso setentista- que la dureza y la mano de hierro de los profetas del orden. Pero, también deberá decir la historia que la restauración del orden capitalista en la Argentina después del 2001 no hubiese sido posible sin la traición, la entrega y el servilismo de Hebe de Bonafini, de Estela de Carlotto, de la mayor parte de los organismos de DD.H.H; que tampoco le hubiese resultado fácil si las grandes organizaciones piqueteras no hubiesen transado con el régimen, como lo hicieron Luis D Elia y su FTV; el PCR y su CCC; Tumini y Ceballos con Barrios de Pie y Libres del Sur y muchos MTD y otras organizaciones menores. Que les hubiese sido mucho más difícil engañar  al pueblo si los centristas y reformistas de todo pelaje, desde muchos de los ex guerrilleros hasta el Partido Comunista no se hubiesen integrado al oficialismo. Los procesos revolucionarios siempre tienen la virtud de poner las cosas blanco sobre negro, dejando en el cajón de los recuerdos a la mentira, el buen discurso y el engaño político. Esta década de luchas permitió que el pueblo viera en qué canasta ponían los huevos todos estos izquierdistas de papel, los mismos que, ahora, acompañan al oficialismo en su viaje final, el que lo despojará de la máscara amable para asumir el rostro implacable del ajuste, del hambre, del tope salarial, de la inflación como robo cotidiano, y de la represión como único argumento de cierre.

La historia dirá que en esta década el Kirchnerismo le sacó las papas del fuego al régimen capitalista, que lo hizo en buena medida en provecho propio pero lo hizo. Quizás también diga que el fin de la década fue, también el fin de su proyecto. Fue útil para un incendio, no sirve para dos. Hoy, los pueblos del mundo se levantan contra sus gobernantes en todos los confines de la tierra. No hay lugar  del mapa donde no haya una protesta social en curso, una revuelta en ciernes, una rebelión en gateras. Y los pueblos se levantan contra sus gobernantes que gobiernan en nombre de los intereses sagrados del capital financiero. Pero también se levantan contra el capitalismo y la opresión, contra la miseria y la entrega. Argentina, el país profundo donde aún quedan rescoldos del 20 de  diciembre, queda cerca, muy cerca de ese mundo en revuelta y el pueblo que lo habita aprendió mucho en estos diez años. Pronto lo demostrará.


La nota fue publicada en la Revista La Maza