Mostrando entradas con la etiqueta Impunidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Impunidad. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de abril de 2013

La Metropolitana: sin filtro para la represión



Lo que sucedió el pasado viernes 26 de abril en el predio del Hospital Borda fue un claro ejemplo de que la represión sin escrúpulos empapa el leitmotiv fundacional de la policía “ejemplar” de la Ciudad de Buenos Aires: reprimir con todos los elementos posibles, incluso desoyendo a la Justicia burguesa y pulverizando los “protocolos humanistas” del accionar policial. Si bien lo que todas las fuerzas represivas del aparato estatal intentan disfrazar, las huestes de Macri lo realizan abiertamente, llamó la atención la ferocidad con la que atacaron a internos, enfermeros, médicos, militantes, docentes, periodistas y diputados. En gran parte, la mediatización extrema se debe a que varios legisladores sufrieron en carne propia lo que sufren miles de trabajadores y desocupados cuando salen a luchar a las calles. Más allá de relatar la sucesión de hechos, es importante destacar que lo acontecido en el Borda es solo un caso más dentro del sangriento prontuario de la policía Metropolitana. Incluso leve si lo comparamos a los dos muertos del Parque Indioamericano –operativo conjunto con la Federal- y los varios heridos de plomo durante el desalojo de la Sala Alberdi. Lo interesante es saber que se oculta detrás de la “fantochada” a lo Scotland Yard: un cuerpo plagado de ex represores militares, expulsados de la Federal, espías, marinos retirados y varios procesados por casos de “gatillo fácil”, todos estos amparados por el Jefe de Gobierno Mauricio Macri y el Ministro de Justicia y Seguridad porteño Guillermo Montenegro.

Después del canto del gallo

Ya a las 6 a.m., la empresa contratista -sin orden judicial alguna- comenzó a desalojar maquinarias y mobiliario del Taller protegido 19 del Hospital Borda en la zona de Barracas. El operativo contó con la custodia de varios agentes de la Policía Metropolitana. En ese taller, de suma importancia y quizás uno de los pocos espacios donde los internos del Borda podían sentirse contenidos, se enseñaban oficios, realizaban actividades culturales y tareas de rehabilitación fundamentales para el tratamiento psiquiátrico. En pocas horas, fue reducido a una montaña de escombros.  El pretexto: despejar la zona para que en ese sitio se emplazara el nuevo centro cívico porteño. El objetivo real: el negocio y la especulación inmobiliaria, revalorizando una zona históricamente postergada en la cual incontables propiedades pertenecen al Grupo Macri o a sus amigotes allegados. Proyecto aprobado en la legislatura porteña  gracias a la complicidad de la bancada kirchneristas, que luego se rasgaría las vestiduras y clamaría por la cabeza de Montenegro, responsable político inmediato de la brutal represión.

Cuando cientos de manifestantes intentaron llegar hasta el lugar para repudiar un nuevo crimen contra la salud pública de los más postergados, fueron reprimidos por más de 300 efectivos de la Metropolitana llamados de urgencia para reforzar la seguridad de la zona. Las imágenes hablan por si sola: mientras el macrismo justifica la represión al afirmar que grupos de encapuchados agredían a los “guardianes del orden”, las imágenes solo registraron enfermeros llenos de sangre, mujeres llorando por el gas pimienta, pacientes deambulando en estado de shock y varios periodistas y legisladores exhibiendo los disparos de bala de goma en sus cuerpos. Los únicos cobardes y encapuchados fueron los tiradores de la Metropolitana, quienes dispararon a mansalva encima de la línea de la cintura y a una distancia de cuerpo a cuerpo. El saldo: más de 50 heridos y varios detenidos en las filas de los que se acercaron para demostrar su solidaridad y su compromiso con aquellos que no votan y que son invisibilizados por la sociedad: los mal llamados “locos”. 

Radiografía de la policía Metropolitana

En sus comienzos desembarco en barrios pocos conflictivos como Coghlan, Villar Urquiza y Saavedra, para luego extenderse a los barrios de Villa Crespo y Chacarita. Operativamente es una fuerza de escasa capacidad que no cubre las zonas más “conflictivas” como el sur de la ciudad y las villas. Pese a que es vendida como una nueva fuerza, solo es un reciclaje de la resaca de las fuerzas armadas y la Policía Federal, generando un foco infeccioso de corrupción y abuso de poder. Ya desde su gestación –que contó con el apoyo del Pro, los K y la bancada socialista-, la Metropolitana estuvo mal parida: el escándalo suscitado con el Fino Palacio y Ciro James dejaron en evidencia cual era el corte ideológico de la policía de Macri. Luego del cimbronazo, - ya separado el Fino y unos 40 secuaces que provenían del la Federal- muchos consideraron que la depuración de la Metropolitana era un hecho, pero estaban errados: hoy en día el contingente principal de jefes y oficiales designados por Palacios son los que comandan la fuerza. Los nexos entre la Policía Federal y los mercenarios porteños son aún más escandalosos cuando se comienza a entrecruzar los datos. De los 52 miembros de alto mando que integran la cúpula de la Metropolitana, 42 son oficiales que fueron echados de la Federal, y cuatro de ellos tienen cargo de superintendente. Actualmente son más de 3000 desclazados los que componen la fuerza de choque macrista, 2000 de ellos vienen de la Federal.

El Instituto Superior de Seguridad Pública afirma que busca transmitirles a los cadetes de la policía porteña “aptitudes necesarias para la intervención civilizada en los conflictos, de una manera absolutamente respetuosa de la dignidad humana y concibiéndolos como oportunidades para aprender a coexistir”. Falso en todo sentido, ya que en la práctica uno puede observar todo lo contrario. Actualmente la fuerza “diferente para la seguridad que el vecino necesita” da lugar en posiciones sensibles a ex integrantes de las fuerzas armadas: 186 efectivos son o fueron militares; de esta cifra, 135 efectivos están ubicados en los rangos operativos de oficial y oficial mayor. Pasando en limpio, la Ciudad de Buenos Aires esta siendo patrullada por hombres formados para la guerra y el exterminio del “enemigo”, violando la Ley de Seguridad Pública de la Ciudad. El destino de la mayoría de estos ex militares –en especial los ligados a la Armada- es el de engrosar las filas de unidades operativas especiales, similares al grupo GEOF de la Federal. Esto no es una mera casualidad, ya que Montenegro ha terminado de moldear un grupo de choque rodeado de viejos conocidos: él estudio en el Liceo Naval, se desempeñó como jugador de Rugby en el equipo de dicha institución y respetó las viejas tradiciones familiares, ya que su padre es un ex capitán de navío y director de maestrías de Instituto Universitario Naval. Sin olvidarnos tampoco los cursos en la “Nueva Escuela de las Americas”  de El Salvador o en el Mossad –instituciones caracterizadas por su profundo sentido humanistas similar al que tenían la AAA o la GESTAPO- a los que son enviados los oficiales metropolitanos.

Debutando a lo grande.

Durante dos años y medio, la policía porteña actúo como fuerza de choque en cuatro conflictos: el desalojo del Parque Indoamericano, la represión a los vecinos en el Parque Centenario, el desalojo de la Sala Alberdi y en el Borda. De a poco, los pitucos disfraces a la inglesa que utilizan se fueron manchando de sangre. En los cuatro casos hubo heridos, algunos de gravedad, y en el Parque Indioamericano fueron asesinados Bernardo Salgueiro y Rosemary Chura Puña, quienes solo habían ocupado terrenos en reclamo de una vivienda digna.  En este trágico hecho, el que estaba encargado del operativo era el Mayor Ricardo Ferron, actualmente imputado junto a otros 33 efectivos por doble homicidio en agresión. Ferron además de estar procesado en esta causa, fue denunciando por el ex legislador Marcelo Parilli por haber integrado un Grupo de Tareas de la Policía Federal durante la última Dictadura Militar. El accionar fue similar a lo que sucedió en el Borda: asesinos con chapa disparando indiscriminadamente contra gente desarmada, incluso realizando maniobras distractivas, atacando por la espalda y deteniendo al voleo.  Por suerte, tanto en el Borda como en la Sala Alberdi, no se tuvieron que lamentar muertos en las filas de los manifestantes, pese a que hubo heridos por balas de plomo y no son pocos los testigos que aseguran haber visto cartuchos letales en poder de las fuerzas represivas. Ya nadie debe dudar: frente al primer contratiempo, la Metropolitana no titubea al usar la fuerza indiscriminadamente –incluso utilizar las balas de goma de manera letal al dispararlas a corta distancia- y llevarse preso a cualquiera que pase por ahí.

Si hablamos de “gatillo fácil”, la Metropolitana también esta a la orden del día. En los Tribunales, en los Organismos de Derechos Humanos y coordinadoras antirrepresivas (como CORREPI), las carpetas y denuncias contra agentes de Macri se acumulan a ritmos vertiginosos. Los agentes David Alejandro Barrios y Enzo Fabián Álvarez son dos casos testimoniales de la conducta “preventiva” que estimula el Jefe de Gobierno y toda la banda de crápulas que lo escudan. El 16 de agosto del 2011, Barrios asesinó a Rodrigo Romero de 16 años y a Jesuan Marchioni, de 23. Los jóvenes habían abordado el interno 77 de la línea 79, en el cual viajaba Barrios vestido de civil.  Una de las pistolas que supuestamente utilizaban los presuntos delincuentes en el asalto al colectivo no tenía balas y la otra tenía un solo proyectil y no se podía disparar. Según los testimonios, el policía detectó el asalto y disparó antes de que los supuestos ladrones reaccionaran. A uno lo mató de dos disparos y al otro lo remató en el piso. En lugar de ser apartado por el crimen cometido, Montenegro, y el que por entonces era el jefe de Metropolitana, Eugenio Burzaco, elogiaron la actuación del policía destacando su “valentía y profesionalidad”. Mismos elogios recibió Álvarez,     luego de reducir y fusilar con un disparo en la cabeza a Bruno Pappa, quien había intentado robarle con una replica. Como no podría ser de otra manera, varios más son los oficiales que prefieren disparar antes que preguntar, personal tan necesario y requerido para cualquier tipo de fuerza represiva burguesa.

Culpas compartidas

Mientras los kirchneristas se regodean por dentro con las imágenes de la represión en el Borda, ninguno de la bancada oficialista admite responsabilidades al haberle dado luz verde para la gestación de una fuerza que hoy en día no tiene nada que envidiarle a la Federal. Echarle la culpa exclusivamente a Macri, además de Montenegro, al jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta y al ministro de Desarrollo Urbano Daniel Chaín por el desalojo del Borda, la Sala Alberdi, el Parque Centenario o el Indoamericano sería una injusticia a medias. El Gobierno Nacional, expresado en sus legisladores porteños, se desenvuelve con un grado de cinismo total. Ellos son cómplices porque cuando la “profundización del modelo” lo reclama, no titubean en armar negociados con el Pro- lease el pase de propiedades entre Nación y Ciudad votado en la legislatura porteña, entre otros-. Al mismo tiempo se llenan la boca hablando de DDHH cuando no se responsabiliza de los muertos, heridos y procesados que carga en su “década ganada” desde 2003: más de 5.000 compañeros judicializado por luchar; represión sistemática contra obreros y manifestaciones sociales (Zanón, los Qom, etc); tercerización de la represión mediante las patotas lumpenes; militarización territorial en manos de Gendarmería y Prefectura; uso cotidiano del gatillo fácil, la tortura en cárceles y comisarías. Sin olvidarnos los asesinados en protestas sociales, como Fuentealba, Mariano Ferreira, Cuellar, etc.

“Sin crimen no hay Estado”, afirmó el filosofo Max Stirner. Para todo aquel que se consideren un luchadores de las causas de los más humildes, es una regla de oro desconfiar de las palabras o promesas de aquellos que solo administran pobreza y palos para los más pobres. Todo uniformado es un diente más de ese Leviatan que controla el status quo de un ficticio pacto social que somete, hambrea y asesina a los pueblos. La única manera de enfrentar la represión estatal en todas sus variantes es en la calle, organizados y luchando por romper las cadenas manchadas de sangre que nos atan a nuestra propia perdición, llamada Estado. 

La nota fue publicada en la Revista La Maza del mes de mayo 2013

IMAGENES DE LA REPRESION EN EL BORDA (BARRICADA TV)


martes, 26 de febrero de 2013

“¿DONDE ESTÁ EL GOBIERNO DE LOS DERECHOS HUMANOS SI HOY SE FUSILA UN PIBE POR DIA?”



 Entrevistamos a María del Carmen Verdú, referente de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional, CORREPI.  Cuando muchas organizaciones continúan brindándole derecho a la duda frente a las represiones perpetradas por Gobierno Nacional y otras sostienen que los verdugos que protestan por una mejor paga de sueldo deben ser considerados como  “trabajadores”, Verdú se para en la vereda diferente, donde las palabras Represión y Estado son inseparables.  

por Ezequiel Alvarez

La Maza: Casi toda tu carrera de abogacía la cursaste en plena dictadura ¿Tenías algún tipo de experiencia dentro de la militancia?
María del Carmen Verdú: Antes de ingresar a la carrera, no, pero tenía un pensamiento político, más que nada por osmosis familiar. Mi familia paterna era afín a la línea de pensamiento del viejo socialismo. No tardaron demasiado en sentir simpatía por el Partido Demócrata Progresista de Lisando de la Torre. Mi padre era un hombre de ideas comprometidas, ateo y ávido lector de Spinoza. A los doce años tenía muy claro que todos los milicos y curas eran malos, que la mejor posición frente a la autoridad es confrontarla y discutirla  y que no vivíamos en una sociedad justa. Ingrese a la UBA el 8 de marzo de 1976, tenía 17 años. En esos años salía con un chico que también estudiaba abogacía. Cuando ingrese, me vincule con su grupo de amigos. Al poco tiempo, muchos de ellos empezaron a militar en el radicalismo. En esa época los escuchabas hablar y estaban a la izquierda del Partido Comunista, algo muy gracioso.

LM: Bueno, pero no hace falta mucho para estar a la izquierda del PC…
MCV: Si, es verdad, incluso en ese entonces, en pleno proceso militar. En ese momento había un escenario muy curioso: más allá del origen político y pertenencia partidaria, eran los milicos o nosotros. Ahí es cuando empiezo a ser útil, ya que gracias a una fractura en mi pierna podía ingresar panfletos políticos y pegatinas  en el yeso, burlando tortuosa requisa que hacían los milicos a todos los estudiantes en el ingreso. Hacia el final de mi carrera me vincule con compañeros que teníamos la necesidad de tener un espacio de militancia específico en el aspecto antirrepresivo. Sentíamos que el concepto de DDHH que se manejaba en el CELS, SERPAJ, Madres, Abuelas, se acotaba demasiado  a todo lo que había sucedido hasta ese momento. No analizaban la posibilidad de la violación de los DDHH en Democracia. En 1986 empezamos a meternos con los casos, que llamamos con absoluta “naturalidad”, como gatillo fácil y muertes en cárceles. El nexo siempre fue por vínculos personales y conocidos. Comenzamos a denunciar las muertes en las cárceles, los casos de pibes fusilados en las barriadas. Se habían modificado los métodos represivos, pero ahí estaba, siempre presente, la represión. Aún estábamos muy intoxicados por el tecnicismo característico de un recién egresado, nos faltaba aprender muchas cosas que solo se aprenden en la calle. Todo esto, en plena primavera alfonsinista. Para muchos, éramos marcianos.

CORRÉ PIBE, AHÍ VIENE EL ESTADO

LM: ¿Cuando empezaron a “caminar” la calle?
MCV: Entre 1986 y 1987 empezamos a vincularnos con los casos de “gatillo fácil”. El 8 de mayo 1987 sucede la masacre de Budge, y a partir del repudio popular de la barriada entera fuimos comprendiendo que el camino era la organización y la pelea en la calle. Comprendimos que la solución no era la cuestión técnica en los expedientes, porque es un corset que tiene como primer requisito reconocer y aceptar la legalidad del sistema. Se nos clarificó una idea elemental: la represión es política de Estado que no debe ser considerada como un abuso ni un exceso. No es un  problema de policías  loquitos,  sueltos o reclutados por error y transformados en fuerzas de seguridad, sino que es una necesidad fundante de cualquier Estado que tenga que administrar una sociedad dividida en clases.

LM: ¿Cómo fue la respuesta de estos organismos frente eso planteos?
MCV: Todos los organismos de DDHH nos echaron como perros. El episodio más paradigmático fue en Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, donde nos atendieron varios compañeros entre los que estaban Cata Guagnini del Partido Obrero. Nos contestaron que pretendíamos poner al mismo nivel a víctimas de la represión de la dictadura militar con “tres negritos chupando cerveza, tirados  en una esquina de Budge”. Afirmación que -aparte de tener una ceguera de clase- es un error de concepto teórico fundamental, ya que no se define la violación de DDHH  por la víctima, sino por el victimario. Si el que violenta es el Estado con un objetivo disciplinador, indudablemente es una violación a los DDHH, más allá de si la víctima es o no militante. Ya que, lamentablemente, el terror de la dictadura fue un éxito, el Estado burgués posterior no tenía organizaciones o movimientos fuertes para perseguir. Lo que se propuso hacer es ejercer un severo control social para que nunca más pasara lo de la década de los 70, en que amplios sectores populares e organizaron y enfrentaron al régimen. La dictadura había sido remplazada por un gobierno constitucional porque los gobiernos militares ya no eran necesarios.

LM: ¿Cómo nace Correpi?
MCV: Nace cuando un grupo de compañeros decidimos ocuparnos de la represión de hoy. Empezamos a convocar a reuniones a todos los partidos, organizaciones políticas y estudiantiles. A partir de los casos de gatillo fácil que veníamos agitando – los de la Matanza, Budge, Morón, etc.- nos llegó el caso de Walter Bulacio. Se generó un alto nivel de movilización, era un pibe que iba al Colegio Nacional Rivadavia, asesinado en una comisaría luego de ser detenido por estar parado en una esquina después de un recital de los Redonditos de Ricota. Nos volvimos referentes, no por ser los abogados de la familia, sino por hacer hincapié y acompañar en todo momento a la lucha callejera, las movilizaciones y los reclamos de la familia. Esa visibilidad nos permitió crecer como coordinadora con un claro mensaje antirrepresivo. Funcionamos como una especie de sindicato, ya que es un frente en el que confluyen muchos compañeros de distintas organizaciones. También hay muchos compañeros independientes, como es mi caso, y eso colabora a que no exista una hegemonía.

OJOS QUE NO VEN, LOMOS QUE NO SIENTEN

LM: ¿Qué relación existe entre Los conceptos de  Estado y represión? ¿Se pueden separar?
MCV: No, al menos en todos los Estados que hemos conocido hasta el momento. Los anarquistas dicen que todo Estado es represor. No me considero con suficientes herramientas teóricas como para asegurar eso en abstracto, porque supuestamente un Estado sin clases dominantes  no tendría necesidad de reprimir. En cualquier estructura social donde haya uno que domine a otro van a existir herramientas de poder represivas. El hombre no ha nacido para obedecer, sino para rebelarse. La formación y la cooptación de consenso también entran en ese esquema general. Esto se aplica en mayor o menor medida según cada situación concreta, pero es algo intrínseco a este tipo de sociedades. El nivel de consenso se puede conseguir asegurando un nivel económico “prospero”, porque probablemente el obrero de ese Estado va a tener muchas menos razones para salir a protestar. Pero, cuando se descomponen los “Estados de bienestar”, vemos situaciones como las que viven Europa y varios países del mundo.

LM: ¿Existe una naturalización de la represión?
MCV: Hay una represión selectiva y otra preventiva. La selectiva es aquella que se dirige hacia organizaciones o militantes para dispersar o atentar la lucha y la movilización. La preventiva es una modalidad que se descarga en apariencia de modo indiscriminada sobre el conjunto de la población –gatillo fácil, detenciones arbitrarias, violencia policial,  militarización de los barrios, etc.-, pero que, si lo miras con ojos críticos  te das cuenta de que hay un claro elemento de selectividad de clase. La represión preventiva es de baja intensidad y posee un elemento fundamental: la naturalización hacia dentro de la clase que la padece, acompañado de la invisibilización de esta hacia fuera. Cuando el pibe de barrio te cuenta que lo detuvieron y que lo cagaron a palos, te lo cuenta con absoluta naturalidad porque “la vida es así”. Eso te demuestra que estos mecanismos funcionan porque ese pibe es impregnado de la idea de que cuando viene la cana hay que cruzar de vereda y agachar la cabeza. Nos dimos cuenta de esta naturalización con la causa Bulacio. Los otros once pibes  que estuvieron en el mismo calabozo con Walter, testificaron que después de ser encerrados, se tiraron a dormir en el piso. Uno de esos chicos grabo en la pared del calabozo “caímos por estar parados”. Él quiso decir, que habían caído por no hacer nada en la vereda del Estadio, pero también por no estar organizados y ser quienes eran. Solo se rompe la naturalización con conciencia. El militante es ese pibe de barrio que dio un salto y se organizó. ¿Por qué le decimos represión preventiva? Porque tiene la finalidad de prevenir la organización popular, de amedrentar, de advertir, de disuadir…El Estado busca domesticar a la gente para que sea individualista y no se comprometa y lo hace, en primer lugar, a palos.

LM: ¿Cómo es la vida de un pibe de barrio en Argentina y su relación con la cana?
MCV: En esos barrios pobres que conforman el tejido suburbano, el único contacto de todos los habitantes con el Estado es la policía y su presencia represiva, ya que muchos están fuera del sistema educativo y no hay hospitales. Incluso, en muchos casos la policía ni siquiera está dentro de los barrios, sino en la periferia, en los accesos,  así pueden controlar el flujo de entrada y salida, cercando el perímetro. Esto se ve claramente en el Alto de Bariloche, donde la represión está a la orden del día y han encarcelado a varios compañeros luego de los saqueos de diciembre del 2012. Allí hay ocho pasos que unen la ciudad con los barrios pobres del Alto, en cada uno hay especies de checkpoints donde se controla absolutamente todo. Los pibes del Alto no pueden bajar a la ciudad si no demuestran que van a trabajar o a hacer algo en concreto. Si ese pibe de barrio tiene vínculos con el bachillerato popular del barrio o va a una organización vecinal, va a tener una contención distinta. La burguesía busca la destrucción de cualquier tejido de contención social, porque si ese pibe llega a la adolescencia con la suficiente cantidad de proteínas para que sus neuronas se hayan desarrollado plenamente, y con un pensamiento crítico, se transforma en un grave problema y es blanco de exterminio. Entonces, hay que mandar a la brigada del barrio a que inunde los pasillos de paco para cagarle la vida, y encima, hacer plata.

LM: ¿Que rol le designa el Estado a la escuela?
MCV: La escuela es uno de los lugares fundamentales para la implementación del control social, porque ahí le enseñas al pibe que las leyes se respetan, que cada uno tiene un lugar asignado en la sociedad y en la vida y que debe adaptarse a ello. Una de las  primeras cosas  que se aprende en la escuela primaria, es que el Estado está dividido en tres poderes,  Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y que cada uno tiene una tarea. Eso se refleja en la represión cotidiana. Los legisladores son los que arman la estructura normativa sobre la que se apoya la represión. Esos mismos legisladores son los que condenan la tortura, pero les abren la puerta a otras figuras jurídicas, como los apremios, vejaciones y severidades con las que  se disfrazan las violaciones de los DDHH. El Poder Judicial es cómplice y participe de la represión. La Corte Suprema de Justicia de la Nación, con voto del mismísimo Raúl Eugenio Zaffaroni,  hizo doctrina al afirmar que la tortura no es tortura en Democracia, ya que “en periodos de constitucionales, el Estado no es una maquinaria de oprimir ciudadanos sino que es el garante de sus derechos y garantías”. Entonces, aunque el hecho que estaban discutiendo haya ocurrido en una comisaría, que el autor haya sido un efectivo policial y que se haya corroborado que la persona fue torturada, la Corte afirmó que no era un crimen de lesa humanidad porque era un abuso individual. El caso sucedió en la propia Capital Federal, el torturado se llamaba Bueno Alves y el torturador un policía llamado Rene Jesús Derecho, que llegó a ser el tercer hombre de la cúpula de la Policía Federal de esta democracia.

LM: ¿Qué te genera la caracterización que realizan de este gobierno nacional como “el gobierno de los derechos humanos?
MCV: El kirchnerismo va a pasar a la historia como el gobierno –que desde 1983 hasta el momento- ha tenido más presos políticos, más pibes fusilados con el gatillo fácil y más presos muertos en comisarías y cárceles. Sin olvidarnos de las siete Leyes Antiterroristas que aprobó, cuando Menem no pudo promulgar ni una. Y esto lo logró hacer con consenso, con la máscara de los DDHH puesta. ¿Dónde está el gobierno de los DDHH si hoy se fusila un pibe por día? El kirchnerismo llega al poder como expresión de la variante útil para recomponer la legitimidad y gobernabilidad  de las instituciones burguesas debilitadas y seriamente cuestionadas por toda la sociedad luego de la crisis del 2001. Kirchner estaba convencido que no debía ni podía ser un nuevo Duhalde.  Mientras no lograra recomponer las cosas, no podía enfrentar una situación similar a la masacre del Puente Pueyrredón. Durante el periodo del 2003 hasta el 16 de julio del 2004 –día de la represión en la Legislatura Porteña-, sosteníamos que el gobierno reprimía y muchos nos volvían a mirar como marcianos. Nuestro análisis de su política represiva,  en ese momento,  era “toda la represión necesaria, con todo el consenso posible”. El kirchnerismo logró, en gran parte gracias a un bolsillo abultado, encontrar y comprar un consenso que le permitió reprimir y que los únicos que salgan a la calle sean los que están concientizados o militando. Haber logrado pintarse la cara con los colores de los DDHH y autodenominarse “gobierno de los DDHH” es una de las herramientas represivas más eficaces que han sabido usar.






La entrevista fue públicada en la revista La Maza de marzo 2013



           DATOS BASICOS A TENER EN CUENTA CUANDO ALGUIEN CAE EN CANA


martes, 21 de agosto de 2012

La masacre de Trelew: “La mejor manera de rendirles homenaje es seguir la revolución”

 "No hay nadie que tenga el derecho de apropiarse de la memoria de un compañero"

Por Ezequiel Alvarez

¿Es posible trasladarse más de 1.300 kilómetros y viajar 40 años al pasado en una hora? Un grabador y un colectivo son los instrumentos que van a permitirnos realizar lo imposible. A medida que el 143 se acerca a la zona de Flores, la mítica foto de una hilera de jóvenes, entregados pero sin quebrarse, en el aeropuerto de Trelew va tomando color, como nunca antes tuvo.  El punto de encuentro: la casa de Vicente. El destino: la masacre de Trelew.

El reloj marcaba las 3.30 de la madrugada del 22 de agosto de 1972. Uno a uno fueron sorpresivamente despertados. Los formaron en una hilera contra la pared y les obligaron mirar el piso. Las ráfagas cobardes de ametralladoras retumbaron, desgarrando su carne, pero haciéndolos inmortales. Esa madrugada, se comenzó a escribir una de las grandes infamias de la historia argentina. El lugar elegido por el destino para teñirlo de sangre y impunidad fue la Base Naval Almirante Zar, donde 16 compañeros militantes de las organizaciones FAR, PRT-ERP y Montoneros fueron fusilados bajo las órdenes del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa y del teniente Roberto Bravo. La génesis había comenzado una semana antes, cuando se produjo un masivo intento de fuga de la cárcel de Trelew. Solamente un grupo de seis militantes – Roberto Santucho, Marcos Osatinsky, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna- lograron escapar al Chile de Allende en un avión, y 19 fueron apresados y trasladados a la base naval. Solo tres sobrevivieron. Fueron tiempos de la dictadura de Lanusse, y fue el año que Perón abrazó a Balbín.

La voz de un sobreviviente

 Desde el living de su casa Vicente habla pausado, pero seguro de sentir -en lo más profundo de su alma- cada palabra y sensación que le aflora cuando escucha la palabra Trelew. Firmeza dada por tener bien en claro su rol en ese entonces y ahora. Junto a otros abogados comprometidos como Rodolfo Ortega Peña, Mario Hernández, Carlos González Gartland, y Roberto Sinigaglia –entre otros-, conformó el grupo que tenían en sus espaldas la tarea militante de defender a los presos políticos. “Éramos un grupo muy pequeño que luego terminamos siendo muy amigos. Nadie cobraba un solo peso por defender a nuestros compañeros detenidos. Lamentablemente de ese grupo, el único que quedó vivo soy yo. Soy un sobreviviente, y no es un chiste  porque lo que hacíamos nos marcó para el resto de nuestras vidas. A Ortega Peña lo mataron a balazos y muchos de los otros compañeros abogados están desaparecidos, salvo Eduardo Duhalde que falleció el año pasado. Si no me hubiera exiliado, mi destino hubiese sido ser uno más en la lista de las víctimas de la dictadura”, recapacitó Zito Lema.

Como sucede hoy con los detenidos vascos en España, la política represiva de Lanusse contra los presos políticos era feroz: la idea era desarraigarlos y que no tengan ningún tipo de nexo con el exterior, sus familias y sus compañeros. Para ellos, miles de militantes fueron trasladados a cientos de kilómetros de distancia de sus lugares de origen. La mayoría de los detenidos de Buenos Aires, del centro del país y de la Mesopotamia fueron llevados hacia el sur. El Penal de Rawson fue el “depósito” elegido para los que eran considerados más “peligrosos”. Vicente recordó que “ya a principios de siglo XX el destino de los anarquistas capturados era la cárcel de Ushuaia. Sin dudas un lugar extremo de castigo. En 1972 ya no existía esa mítica cárcel de los confines del mundo, la más alejada e inhóspita del país era la de Rawson. He ido muchas veces a visitar a mis amigos y defendidos. Puedo dar fe de que era una cárcel fría y hostil. Está en el medio de desierto patagónico  y las condiciones de vida eran inhumanas. Los presos siempre estaban enfermos. Querían quebrarlos y destruir su moral”.

Durante varios años Zito Lema visitó la cárcel. Quedarse en la zona por más de dos días era algo realmente peligroso, porque estaban aislados de Buenos Aires. Siempre iban en parejas de dos abogados. Esa era la primera medida de protección que tomaban. “Bajábamos en el aeropuerto de Trelew, y de ahí nos trasladábamos a Rawson. Generalmente nos hospedábamos en el hotel Turín. De ahí, alquilábamos un taxi o un remís y  emprendíamos el viaje hacia la cárcel. Íbamos sólitos y cada vez que volvíamos había que prender una vela. Intentábamos buscar una forma distinta de viajar o de transitar la zona, pero ahora que han pasado los años me doy cuenta que eran formas muy pobres de protección, porque si nos querían matar lo podrían haber hecho. Si no sucedió, fue simplemente porque el gobierno de Lanusse tenía que mantener una imagen de respeto por los derechos humanos para el resto del mundo. Matarnos iba a ser una mancha quizás insalvable y preferían tolerar nuestro accionar”, relató Vicente.

Gracias a las colectas, el apoyo de los militantes y de algunos sindicatos, la presencia, defensa y acompañamiento de los compañeros detenidos fue importante. Cada uno de los abogados tenía una lista gigantesca con todos los nombres de los detenidos y durante dos o tres días los visitaban. “Mi relación con los compañeros caídos en Trelew y con los presos fue directa. Muchos de ellos fueron y son mis amigos. Generé un vínculo de amistad con Pedro Bonnet, Roberto Santucho, Enrique Gorriaran Merlo,  Fernando Vaca Narvaja, María Angélica Sabelli, Pujada, Ana María Villarroel de Santucho, Agustín Tosco, entre otros. Nosotros cumplíamos una doble función, éramos sus defensores y también los que les permitíamos no estar  tan aislados. A veces, aparte de preparar su defensa,  fuimos confidentes, y de muchos el nexo con el más allá de los muros”, destacó Zito Lema.

Meses antes de la masacre de Trelew a modo de protesta por el recrudecimiento de la vida de los presos políticos en los penales, este pequeño grupo de abogados inició una huelga de hambre. El lugar elegido para la medida fue la iglesia Cristo Obrero del barrio de porteño de Lugano. “Siempre hay algo que decir sobre el destino. Mi abuela tenía como vecina a una paisana de su pueblo natal. Eran muy amigas y uno de sus hijos había entrado en la Policía. Un día, mi abuela me comenta que su amiga tenía problemas con el alquiler de su casa y los querían desalojar. Recién recibido de abogado, pude arreglar su inconveniente y obviamente no les cobre nada. Pasan los años y de golpe el destino hizo de las suyas. Un día –mientras hacíamos la huelga de hambre- entra un policía y me dice que debíamos salir inmediatamente de ahí porque iba a pasar algo. Ese oficial era el hijo de la vecina de mi abuela. El tipo insistía con que teníamos que irnos inmediatamente por nuestra seguridad. Completamente extrañado, le digo que no nos íbamos a ir porque estábamos haciendo una protesta. Se va, pero a los cinco minutos vuelve desesperado y nos pide a los gritos que nos fuéramos. Se lo comente a mis compañeros, que también se mostraron descreídos. Pero, a veces una corazonada es más fuerte que todo y los convencí para salir de la parroquia. No terminamos de salir, que explotó una bomba. Se desplomó el edifico entero. Salvamos nuestras vidas y tuvimos un éxito, porque a la Iglesia como institución no le gusto mucho que atentaran contra su propiedad. La noticia llegó hasta los principales diarios del país. ¡Que mataran a los revolucionarios estaba bien, pero ojo con tirar abajo un santo edificio!. Este escándalo terminó con el compromiso de que iban a cambiar el sistema y las condiciones de vida de los presos. Fue un triunfo popular que se expresó en un acto donde concurrieron unas 40 mil personas”, rememoró Vicente. Triunfo que fue una de los últimos destellos antes de la oscuridad.

La fuga: un triunfo inesperado

El teléfono sonó. Vicente atendió, del otro lado estaba Mario Hernández. “Vicente, el escrito que presentamos hace 48 horas por la defensa de Vaca Narvaja ya no va a hacer falta,  ¡Se acaba de fugar!”. Ya todo el país conocía la noticia. “Nosotros no sabíamos nada de los preparativos de la fuga -afirmó Zito Lema- ya que nos podían capturar y torturar para sacarnos información. Era un riesgo que el plan saliera de las paredes del penal. Solamente lo supieron aquellos que estaban en el núcleo de la operación. Fue un escándalo hermoso y terrible para la dictadura, la fuga ya era un hecho y su significado era esperanzador. Igual, nos reíamos y bromeábamos, ya que nos habíamos quedado sin clientes porque varios de nuestros compañeros defendidos estaban sanos y salvos en Chile. Fue una alegría, porque cuando cualquier preso se escapa de una cárcel - especialmente si es un preso político-  uno siente que gana parte de la lucha contra el poder. Cobra una transcendencia heroica y un estímulo para los que tienen recelo en la lucha. Los llama a comprometerse más, y demuestra que se le puede ganar hasta a una dictadura. Fue una gigantesca fiesta, fue uno de los días más felices de mi vida. Me encontré con los otros abogados y lo festejamos a lo grande. Creo que habremos tomado como si fuera una fiesta de fin de año”.

De algún modo, la fuga también fracasó, ya que no se pudieron conseguir todos los medios de transporte para que todos los presos llegaran al aeropuerto, y así embarcarse en el avión que había sido tomado por un grupo de militantes. Hubo un problema de organización, donde “el azar se mezcló con los errores humanos”. De todos los compañeros que iban a fugarse, solo seis lo lograron. Otros 19 –trasladados a la base naval- llegaron tarde al aeropuerto. El avión ya había partido. Luego de una negociación donde les prometieron respetar sus vidas, se entregaron. “El panorama era contradictorio. Había felicidad por esos seis que lograron escaparse, pero también había una tristeza por el resto. En el ámbito público, esto no lo expresábamos porque teníamos que resaltar lo positivo. La dictadura hizo hincapié en el fracaso de la operación, pero nosotros sosteníamos que los principales jefes de la revolución se habían ido. Queríamos demostrar que -más allá de las diferencias en fuerza y cantidad- con organización, ética y  moral revolucionaria se podía vencer al poder brutal de una dictadura”, afirmó Zito Lema. 

Pasado el primer día de la fuga, Vicente tuvo una maldita intuición de poeta. La historia siempre invita a desconfiar, y tiene sobrados ejemplos de la impunidad de los dictadores y de los dueños del poder. “Estaba muy preocupado y sentía angustia. Había que estar alertas y esperar lo que sucediera con el resto de los compañeros detenidos. Sentíamos el odio que nos tenía la dictadura, pero no pasaba por nuestras cabezas que iban a hacer una masacre con los presos. Quizás imaginábamos que se iba a recrudecer la represión en general y la vida de los presos políticos dentro de los penales iban a ser un infierno. Pero una transmisión de radio nos dio un golpe de realidad al anunciar sobre el fusilamiento en la base de Trelew. En ese momento, se rompió una regla de juego: que las dictaduras siempre habían sido violentas, pero a pesar de eso siempre habíamos conseguido algunos éxitos”.

El día después

Cuando se produce la masacre de Trelew, los familiares de las victimas tomaron una decisión transendental: velarlos a todos en un mismo lugar. Vicente fue uno de los principales encargados de organizar el funeral. “Luego de pensar como podíamos ayudar, decidimos hablar con Campora -que era el presidente del Partido Justicialista,- a ver si nos podían dar la sede. No era conveniente  hacer el velatorio en cualquier lugar,  ya que era probable que viniera el Ejercito a reprimirnos. Necesitábamos un espacio público, un lugar que tuviera peso y nos sirviera para sostener el acto. Era un momento de gran violencia social. Cuando me reúno en la sede de Av. La Plata, Campora me dice que sólo no podía resolver tamaña decisión y que necesitaba planteárselo al consejo del partido. La respuesta fue negativa, pero pese a eso, Campora  utilizó sus atribuciones para consultarlo –me imagino con Perón- y autorizó que el velatorio se realizara en la sede peronista, haciéndose cargo políticamente por la decisión. De ese modo, llave en mano, me hice cargo de la situación. A las dos horas vino el general Alcides López Aufranc. Nunca me voy a olvidar que este personaje y su perro policía, ya que el animalito me clavo los colmillos en la pierna sin que mediara una palabra. Casi como un símbolo, no se me escapo ni un solo grito ni lagrima, solo me limite a decirle que quitara al perro pese al dolor terrible de ese mordiscón maldito. Fue un presentimiento de que las cosas venían duras, y la negociación fue así. Me intimó a que desalojara el local porque no iba a respetar a una “banda de asesinos”. No pasó ni media hora de  las dos que estipulo como plazo máximo para que lo consultase con los familiares, que la tanqueta y las tropas entraron de prepo y armaron una escena terrible, violenta y desgarradora. Luego la represión continúo en el cementerio de la Chacarita, donde ni siquiera me dejaron terminar de leer un poema en conmemoración de los fusilados, ya que casi me parten la cabeza a garrotazos. Fue algo muy doloroso, la muerte se mezclaba con la angustia de los familiares heridos y el clima era muy tenso. Las dictaduras no respetan ni a los muertos”, afirmó Vicente.

Lo que ocurrió el 22 de agosto tiene el peso de ser el puntapié de una nueva realidad: a las dictaduras no les interesaba mantener más las “formas” y el baño de sangre contra el pueblo era un costo que estaban dispuestos a pagar. “Habíamos conocido la dictadura de Onganía, había pasado el Cordobazo, es decir situaciones duras pero no del espanto y la crueldad que devino luego de la masacre hasta llegar a su mayor punto en 1976-1983. Para mí, la masacre de Trelew fue el inicio del terrorismo de estado. Esto también es la argumentación  que sirve para condenar al capitán Sosa y sus secuaces como genocida. La defensa de estos asesinos es que este hecho no tiene nada que ver con lo que sucede a partir del 76. Si ellos lograran que este argumento fuera considerado válido, no serían encontrados  culpables porque la pena estaría prescrita. Hay que tener en claro que la masacre de Trelew fue el prolegómeno del genocidio del pueblo argentino de la última dictadura militar. Fue un día triste y gris donde cambió la historia. Además lo siento realmente así, estoy convencido porque fui testigo y estoy involucrado directamente. Fue un época que la viví como todo lo que vivo –destacó Zito Lema-, por un lado como defensor de los derechos humanos y por el otro como periodista y escritor. Tengo varios textos y poemas que fueron publicados en esos años, di conferencias, hable en las universidades y recorrí el país denunciando lo que había pasado a partir de la masacre de Trelew”.

A 40 años, una herida que no cierra

Pasaron los años, y fue invitado a  Trelew. Su viaje se dio justo cuando se estaban llevando adelante los juicios a los asesinos que perpetraron la masacre. Consigo llevó los borradores de aquel poema que nunca terminó de leer. A partir de estos borradores, terminó el texto y lo tituló Oración por Trelew. Uno de los motivos principales del viaje fue una conferencia que tenía que dar para grupos de estudiantes en  la Universidad de Trelew. Frente a un auditorio colmado, pudo decir aquello que los palos no le permitieron y recitó completo el poema. “¿Cómo te puedo explicar lo que sentí? Estaba haciendo lo que tenía que hacer. Era justo que este ahí. Siento que la poesía es una forma de luchar contra la muerte y el olvido. Porque si un pueblo no tiene memoria y lanza al olvido a sus luchas y héroes –y con héroes no me refiero a los grandes próceres, sino a los miles de compañeros que han dado su vida por una causa justa- nunca vamos a poder cambiar el mundo. Es necesario continuar la historia, pero parándose en lo que se conquistó. Tenemos que tener memoria histórica, pero por sobre todas las cosas memoria revolucionaria. Lo veo así, y por eso mucho  de mis textos son peleas contra el olvido. No hay nada más espantoso que dejar al costado del  camino a los compañeros  asesinados o desaparecidos. Mientras tenga fuerzas, ellos van a estar sobre mi espalda. Por eso también le escribí un poema a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki y a los 30.000 desaparecidos”, comentó Zito Lema.
 
Desde el gobierno, existe una burda línea política de reivindicar ciertos sectores de la militancia de los 70, pero simplemente es un insulto a la memoria revolucionaria. Fiel a este argumento son ejemplos de las versiones K de Paco Urondo o Rodolfo Walsh, que se limitan a destacar su carácter de “agentes culturales” que eran contestatarios al régimen militar. Pero nada hablan su rol como militantes intachables que no dudaban en tomar las armas ni del tipo de sociedad por la cual dieron la vida. Para la historia oficial K, solo existe una parte de Montoneros. La expresión máxima de pauperización y traición de la memoria y a lucha de los 70 es ver a Nilda Garré como Ministra de Seguridad, entre otros tantos militantes devenidos en funcionarios del gobierno Nac & Pop.  Para Vicente “hay una lucha política y cada uno va a intentar acopiar para si. Eso esta mal, porque los compañeros muertos son de todos. No hay nadie que tenga el derecho de apropiarse de la memoria de un compañero. Si es así, es como no tener en claro por quién peleaban los compañeros. Cuando alguien quiere hacer una revolución, uno tiene que tener la idea mínimamente de cambiar el país donde vive. Por eso hay que tener grandeza de espíritu, ningún sector tienen que ser los únicos herederos de una historia que nos pertenece como pueblo. Si no se tiene claro eso, se esta haciendo un mal servicio a la memoria histórica. A mis compañeros los recuerdo en su totalidad, militaran en la organización que fuere. Son compañeros del pueblo y de la revolución, pero más todavía de aquellos que hoy siguen luchando por los ideales que defendían. La mejor manera de rendirles homenaje es seguir la revolución”.


COMPAÑEROS CAIDOS EN TRELEW

    Alejandro Ulla (PRT-ERP)
    Alfredo Kohon (FAR)
    Ana María Villarreal de Santucho (PRT-ERP)
    Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP)
    Carlos Astudillo (FAR)
    Clarisa Lea Place (PRT-ERP)
    Eduardo Capello (PRT-ERP)
    Humberto Suárez (PRT-ERP)
    Humberto Toschi (PRT-ERP)
    José Ricardo Mena (PRT-ERP)
    María Angélica Sabelli (Montoneros)
    Mariano Pujadas (Montoneros)
    Mario Emilio Delfino (PRT-ERP)
    Miguel Ángel Polti (PRT-ERP)
    Pedro Bonet (PRT-ERP)
    Susana Lesgart (Montoneros)

HERIDOS QUE LOGRARON SOBREVIVIR

    Alberto Miguel Camps (FAR - Desaparecido luego en 1977)
    María Antonia Berger (FAR - Desaparecida en 1979)
    Ricardo René Haidar (Montoneros - Desaparecido en 1982)

La nota ha sido publicada en la Revista La Maza

lunes, 19 de diciembre de 2011

A diez años del 2001: La gesta de una nueva traición


 La clase trabajadora continúa pagando los platos rotos del capitalismo. Las medidas económicas progresistas del kirchenrismo no fueron tomadas por ideología de los gobernantes, sino porque el sistema necesitaba mostrar su mejor sonrisa, para ocultar su rostro de horror y hambre. Subsidios, planes universales y desactivación de la militancia son algunos de los mecanismos de control que la burguesía comenzó a vislumbrar desde el momento que De La Rua renunció

 Por Ezequiel Alvarez


AQUELLOS DIAS DE DICIEMBRE

Las detonaciones de escopetas retumbaban en la “City porteña”. El Estado se caía. Mientras, en el aire, un helicóptero apresurado huía rumbo a la historia. La Avenida de Mayo - adornada con una alfombra de cascotes- fue la vena por donde se desangró la Argentina “neoliberal”. Pero esta sangría fue un proceso -lento y silencioso iniciado en los 70 que llegó a su punto culmine cuando la clase media se vio enjaulada y privada de lo más precioso que posee: sus ahorros. Las imágenes se repetían en todos los rincones del país: cientos de miles de cacerolas llenas de bronca retumbaban junto a millones de estómagos vacíos. El establishment y la clase política, comandada por Fernando De La Rua, no tenían una respuesta inmediata para arreglar los problemas causados por su avaricia capitalista. No había solución que no implicara un nuevo engaño al pueblo argentino y a su clase trabajadora. Las calles se transformaron en barricadas, el helicóptero se encendió y la traición comenzó a tomar forma.

Para entender el por que del estallido económico y social del 19 y 20 de Diciembre es necesario partir de una base: la crisis del 2001 fue una crisis capitalista en Argentina, caracterizado por la destrucción industrial, la hegemonía de la burguesía financiera y la extranjerizacion de la economía. Fue de carácter capitalista –y no neoliberal como muchos sectores del forismo intentan imponer para acotar la onda expansiva y dejar reductos para el reformismo- que eclosiono atacando a uno de sus principales “productos y aliados”: la clase media. Aquella que durante los 90 paseaba en Miami, tierras gringas donde no llegaban los gritos de agonía de la clase trabajadora y el proletariado en harapos. En el periodo del menemato, las políticas económicas de Martínez de Hoz dieron un salto cualitativo y cuantitativo. Miles de grandes fábricas cerraron, la extranjerización económica y cultural fue avasallante. Pese a los constantes reveces, los sectores más excluidos resistieron en cada piquete o manifestación incluso hasta dar la vida, como con los asesinatos de Teresa Rodríguez o Anibal Verón. Estas políticas económicas fueron promovidas especialmente por Domingo Cavallo -ex Ministro de Economía del menemato y de la Alianza que transformó el Palacio de Hacienda en un apéndice del FMI- y pusieron al país al borde del precipicio. La gran vedette menemista fue la privatización: fueron vendidas a capitales extranjeros la empresa estatal de telefonía y comunicaciones, Aerolíneas Argentina, YPF y sus derivados, los ferrocarriles, la industria del hierro y el acero, las compañías de gas y agua, cientos de inmuebles estatales y se dieron en concesión cerca de 10.000 kilómetros de autopistas, varias represas hidroeléctricas, etc . El saldo -más que negativo- fueron millones de despedidos o “retirados voluntariamente”, unos magros 27.000 millones de dólares en las arcas estatales y un país de rodillas. Para fines de 1999, luego de diez años de intensivo saqueo y convertibilidad, Argentina le debía a la banca internacional más de 145.300 millones de dólares, veinte veces la deuda externa antes de la última dictadura militar. Haciendo un paralelismo con la medicina, el paciente era terminal y su metástasis voraz. Convengamos que siempre estuvo enfermo y cargo con el cáncer del capitalismo, pero la Dictadura Militar empeoró el cuadro, Menem lo llevó a terapia intensiva y De La Rua no sabia ni para que servia la penicilina.

PUEBLO QUE LUCHA, PUEBLO QUE APRENDE…

Hacia fines de 2001, con la Alianza en el poder y Chacho Álvarez en su casa, la situación de hambre en la clase trabajadora pudría el efímero entramado social. Según los datos que arrojaba el INDEC, en la Capital y Gran Buenos Aires había más de 3,5 millones de personas bajo la línea de pobreza y, a nivel nacional, la suma ascendía al 40 por ciento de la población, es decir más de 15 millones de habitantes. La desocupación era un flagelo tangible, afectaba a más de un cuarto de la población y seis de cada diez trabajadores ganaban menos de 500 pesos mensuales. Mientras -silenciosamente- la economía argentina y el sistema financiero era socabados por el mismo capitalismo. Gracias a la “remisión de utilidades” –sacar el dinero del país hacia las metrópolis capitalistas- por parte de las grandes empresas, los depósitos bancarios bajaron de 87.000 millones de dólares a principios de del 2001 a 19.400 millones hacia fines de abril de 2002. Para ese entonces, el gobierno de De La Rua ya había demostrado que sus respuestas eran el ajuste, la flexibilización laboral y el recorte de salario para la clase trabajadora. El 2 de diciembre, Cavallo les da al pueblo argentino su último “regalo” antes de Navidad: el corralito. “Hemos tenido que adoptar una medida transitoria de limitación a la extracción de dinero en efectivo”, comunicó el ex ministro. Es decir, restricción para poder retirar el dinero depositado en entidades bancarias en plazo fijo, caja de ahorro y cuentas corrientes. ¿Qué se ocultaba detrás del corralito que transformó en “bolcheviques” a cientos de miles que otrora disfrutaban de la pizza con champagne? Para todos los economistas del establishment, esta medida era necesaria para evitar una corrida bancaria. La realidad fue que la crisis tenía que ser frenada y no castigar de modo ejemplar a las principales empresas que saquearon el país durante décadas. Encontraron una solución, la misma de siempre: que la crisis la pague el pueblo. Al final de cuentas, Argentina era un experimento de las recetas económicas del FMI, la debacle debía ser controlada y sin atacar a los intereses de la burguesía financiera.

La respuesta de la clase oprimida fueron los saqueos para cubrir necesidades básicas y un constante estado de movilización de toda la sociedad. Codo a codo, el pueblo salio a las calles y puso contra las cuerdas a una clase dirigente. El saldo no fue gratuito, 39 compañeros y  compañeras de todas las edades fueron asesinados en manos de los agentes de la represión estatal. Miles fueron encarcelados y heridos, pero lo que no se hirió fue el espíritu combativo de una nueva generación que absorbió el calor del 19 y 20 de diciembre del 2001. De La Rua fue un fusible del sistema capitalista en Argentina y su renuncia en manos del pueblo produjo un aparente vacío político institucional. Pero con el correr de los días el “que se vayan todos” comenzó a atenuarse al ver que los “mismos” de siempre iban tomando nuevas posiciones en el tablero.

Un caos institucional asaltó los  reductos legislativos. Los presidentes se sucedían entre si sin poder lograr un consenso capaz de darles la fuerza para timonear el país y reencausar el curso que pretendían. Ramón Puertas, Adolfo Rodríguez Saa – con  su “memorable” default- y Eduardo Camaño desfilaron por el sillón de Rivadavia, mientras se pergeñaba una salida “más democrática” para la crisis. El 1 de enero de 2002, Eduardo Duhalde –mafioso del conurbano y gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante la presidencia de Menem- resultó electo a dedo por la Asamblea Legislativa. El mensaje era claro: se venía la mano dura para aplacar el nuevo movimiento social que cuestionaba la a democracia  representativa argentina.

Y SE ORGANIZA

Mientras, las asambleas barriales eran espacios de real intervención popular y de legitimidad absoluta. En ellas, miles de compañeros dieron sus primeros  pasos en la política, e incluso algunas –pero muy pocasse mantienen en pie, como la Asamblea del Pueblo. Si bien las asambleas fue un fenómeno mucho más ligado a los sectores de clase media o barriadas pobres de la Capital Federal, en el conurbano y el resto del país la lucha se expresó de una manera mucho más acentuada, generando diferentes bloques piqueteros que trataron de resolver una necesidad igual de importante que la falta de comida: la falta de voz para enfrentar al sistema. Las manifestaciones sucedían, ya no eran solamente los cientos que cortaban la ruta en Cutral-Co en los 90, ahora eran un mar de ancianos, jóvenes, niños, madres y desocupados que copaban las arterias de la Capital Federal y del Conurbano.

Era el “nuevo malón” y Duhalde no iba a dejar pasar la oportunidad de intentar contenerlo con la única solución que conocía, desde sus tiempos de amigo de la Triple A: reprimir, asesinar. La tropa estaba lista y la decisión tomada: así sucedieron los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en la masacre de Avellaneda. El capitalismo no conoce otra manera de parar las crisis que reprimiendo a quienes lo señalan como causante de todo los males. Pero la respuesta popular fue contundente, maciza, multitudinaria, inesperada por el gobierno asesino. El plan había fallado, era necesario retroceder; es que hay momentos en los que las balas no alcanzan para apaciguar una sociedad insurreccionada: se impone, entonces, el tiempo del engaño. ¿Qué mejor engaño que volver a resucitar la urna burguesa, llena de promesas y mentiras? ¿Qué mejor mascarada que ejecutar políticamente a uno de los causantes de la crisis –Menem- y preparar unas elecciones en las que un “desconocido” gobernador, presuntamente progresista, sea el verdugo del riojano? El establishment llamó a elecciones anticipadas para descomprimir el caos social y Duhalde apoyó la candidatura de Néstor Kirchner, otro de los “mismos” que se había fotografiado junto al genocida Videla y al vende patria Menem, al que no vaciló en calificar como el “mejor presidente de la historia!”

LA RESTAURACION CAPITALISTA Y EL PODER
DE ROSTRO AMABLE

El día que asume Néstor Kirchner, el proceso del 2001 comienza a cerrarse. Las heridas capitalistas van cicatrizándose gracias a la conciliación inconsciente entre un pueblo oprimido y su opresor. El Estado, que antes había sumergido en la malaria a la clase trabajadora, comenzaba a embellecer su discurso. Su posición progresista y su reivindicación al Peronismo más combativo no eran otra cosa que una pantalla de humo para que el pueblo perdiera sus consignas de lucha y claudicara frente al poder “omnipotente” de la gran democracia burguesa. Los mismos de siempre seguían siéndolo. La clase gobernante volvió a su lugar espurio, expropiándole al pueblo movilizado la posibilidad de ser dueño de su destino.

Las causas de por que la clase trabajadora no logró tomar el poder son varias, entre ellas las consecuencias del apoliticismo de los 90, secuela de la gran derrota de los años 70, el aparato cooptador de los partidos tradicionales y del régimen y la falta de capacidad de respuesta frente a los constantes intentos de sabotaje al movimiento popular. Lo cierto, es que siempre existe un Kerensky capaz de cortar de raíz cualquier balbuceo de revolución. La historia deberá decir que Kirchner salvó al capitalismo en Argentina. Deberá decir que en su momento más crítico, de mayor división y debilidad burguesa, al capitalismo le  fue mucho más útil y económico el voraz clan patagónico -pese a todas sus irreverencias y desplantes, con su reivindicación de épocas malditas para la burguesía, con su populismo, sus piqueteros amigos y su discurso setentista- que la dureza y la mano de hierro de los profetas del orden. Pero, también deberá decir la historia que la restauración del orden capitalista en la Argentina después del 2001 no hubiese sido posible sin la traición, la entrega y el servilismo de Hebe de Bonafini, de Estela de Carlotto, de la mayor parte de los organismos de DD.H.H; que tampoco le hubiese resultado fácil si las grandes organizaciones piqueteras no hubiesen transado con el régimen, como lo hicieron Luis D Elia y su FTV; el PCR y su CCC; Tumini y Ceballos con Barrios de Pie y Libres del Sur y muchos MTD y otras organizaciones menores. Que les hubiese sido mucho más difícil engañar  al pueblo si los centristas y reformistas de todo pelaje, desde muchos de los ex guerrilleros hasta el Partido Comunista no se hubiesen integrado al oficialismo. Los procesos revolucionarios siempre tienen la virtud de poner las cosas blanco sobre negro, dejando en el cajón de los recuerdos a la mentira, el buen discurso y el engaño político. Esta década de luchas permitió que el pueblo viera en qué canasta ponían los huevos todos estos izquierdistas de papel, los mismos que, ahora, acompañan al oficialismo en su viaje final, el que lo despojará de la máscara amable para asumir el rostro implacable del ajuste, del hambre, del tope salarial, de la inflación como robo cotidiano, y de la represión como único argumento de cierre.

La historia dirá que en esta década el Kirchnerismo le sacó las papas del fuego al régimen capitalista, que lo hizo en buena medida en provecho propio pero lo hizo. Quizás también diga que el fin de la década fue, también el fin de su proyecto. Fue útil para un incendio, no sirve para dos. Hoy, los pueblos del mundo se levantan contra sus gobernantes en todos los confines de la tierra. No hay lugar  del mapa donde no haya una protesta social en curso, una revuelta en ciernes, una rebelión en gateras. Y los pueblos se levantan contra sus gobernantes que gobiernan en nombre de los intereses sagrados del capital financiero. Pero también se levantan contra el capitalismo y la opresión, contra la miseria y la entrega. Argentina, el país profundo donde aún quedan rescoldos del 20 de  diciembre, queda cerca, muy cerca de ese mundo en revuelta y el pueblo que lo habita aprendió mucho en estos diez años. Pronto lo demostrará.


La nota fue publicada en la Revista La Maza

lunes, 31 de octubre de 2011

Entrevista a Enrique Piñeyro: “El esfuerzo para erradicar las secuelas de la dictadura no es genuino ni honesto”



Por Ezequiel Alvarez


Después de su primera película, Whisky Romeo Zulú, el ex piloto, médico y cineasta se ha transformado en el primer referente de consulta sobre el actual estado de la aviación civil y el gatillo fácil en Argentina. Su cine militante ha puesto la luz sobre una realidad oculta, donde la justicia, el poder político y la sociedad le dan la espalda a los muertos en la tragedia de LAPA, a Fernando Carrera y las cientos de victimas  “anónimas” que siguen reclamando justicia.   

LA MAZA:Enrique, ¿Creés que la causa LAPA es el monumento a la impunidad más grande en democracia?
Enrique Piñeyro: Si, mira por alguna razón me toca estar en las dos puntas opuestas de la impunidad, la corrupción y la bestialidad judicial de este país. En la causa de Fernando Carrera, nunca vi un caso con menos pruebas que ese y que encima la condena sea de 30 años. A los represores Bignone y Nicolaides los condenan a 25 años. El caso LAPA, esta plagado de pruebas contra la empresa y esta a punto de prescribir intencionadamente. Todos están complotados con la aerolínea, excepto el fiscal Carlos Rímolo y el juez Gustavo Literas, ya que el 22 de diciembre de 2000 estaba el procesamiento. De ahí en más,  fueron todas demoras de la mano del ex abogado de Yabrán, Jorge Sandro, y de los jueces que se lo permitieron. Hicieron desfilar casi 2000 testigos, cuando el juicio a las Juntas Militares se arregló con 300. Después entró en la Cámara de Casación, y mira como son las cosas: en 60 días, el juez Hornos tenía el fallo de 700 fojas,  en cambio los jueces González Palazo y Díaz Ojeda –subrogantes los dos y ahora investigados por el “forum shopping” de Pedraza- tienen al expediente en “un cajón” un año y se lo devuelven al Tribunal diciéndoles que no sabían si estaba prescrito. El Tribunal -que hizo todo lo posible para que prescribiera- dice que si. Es tan burda la maniobra. Encima, solo terminaron condenando como responsables penales a Gabriel Borsani –ex jefe de la línea 737 de LAPA- y Valerio Diehl - ex gerente de operaciones- con una pena de tres años en suspenso por estrago culposo, es decir que no hubo intención. Toma como punto de comparación Cromañón. La actuación de Chabán -sin exculparlo para nada- es diferente, él dijo “dejen de tirar bengalas que nos vamos a quemar todos”. En cambio Gustavo Andrés Deutsch, ex presidente de LAPA, dijo “sigan volando porque sino nos fajan” y no lo condenan. En un punto es más exculpable Chabán que Deutsch, sin embargo este último fue galardonado con el Konex de platino al mejor empresario de la década

LM:¿Cuál es la explicación?
EP: Año 98, pizza, champagne y  crecimiento explosivo era la norma, lo que se valoraba y lo que valoró el Konex. En lugar de dárselo a un empresario con cierto sentido de responsabilidad social que practique comercio justo, se lo dieron a  Deutsch, que  no le importa nada. Es necesario reformular si vale todo para el éxito del empresario o si hay algunos valores que cuidar. Por más capitalista impiadoso que es el sistema, si tenés conciencia social podés ser albañil, bombero, empresario, gobernante o lo que fuere y vas a tener presente las consecuencias de tu accionar. En este caso hubo una búsqueda de lucro sin importar lo que pasara. 

LM: ¿LAPA fue una empresa creada a esa imagen y semejanza?
EP: Por supuesto, el accidente es la consecuencia directa de la política operativa de LAPA. Había que poner pilotos sumisos que salgan en cualquier condición para no tener costos de cancelación. Había que tener bajo mantenimiento, baja instrucción y baja seguridad laboral para maximizar costos. Encima este es un país que no tiene leyes que protejan a los que cumple con la ley,  porque vos parás un avión porque no esta en condiciones, te rajan y te pagan la indemnización. Pero no hay juez que te reincorpore. Entonces el mensaje para el resto de la tropa es tremendo. Sumalo a un país en el que hasta hace pocos años regía la Ley de Obediencia de Vida y bueno uno decía: “OK, yo puedo torturar, violar y matar si me lo ordena un superior, ¿Con qué cara le pido a un piloto que no se lleve el avión si se lo pide un superior, por más hecho mierda que este?” Creer que estaba limitada a los militares es estar equivocado. Influyó a una sociedad en todos sus estratos y le agregó una patología casi insalvable.

LM:Judicialmente ¿Está cerrado el caso?
EP: No, porque la Corte Suprema es soberana. El tema es que primero tiene que aceptarlo, cosa que dudo que haga. Si lo hace, le va a llegar ultra prescrita, cosa que dudo que revierta. Te repito, en uno tenés todas las pruebas, y en otro ninguna. En donde están todas las pruebas no condenás nadie y en la otra causa -donde no tenés a nadie para condenar- condenas a un inocente a 30 años. Es complicado aceptar que uno vive bajo este régimen y darse cuenta que hoy en día hay prácticas de la dictadura que subsisten.

LM: ¿Por qué?
EP: Porque creo que el esfuerzo para erradicar las secuelas de la dictadura no es genuino ni honesto. Hay un indiscutible avance en el campo de los derechos humanos, pero también hay una parte donde se claudica o se deja pasa. Se requiere un combate mucho más profundo y virulento. Te doy un ejemplo, como parte del peritaje en la tragedia de Sol, hicieron dos pozos donde metieron restos humanos y partes del avión ¿Sabes quién se encargó de eso? El comodoro Graciani -Fuerza Área- que sigue en control de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC) y que fue denunciado penalmente por supresión, ocultamiento y adulteración de pruebas. Le están dando poder a militares corruptos. El informe que da es una atrocidad. Descarga culpa sobre los pilotos sin ningún fundamento, dice: “probable complacencia” y “probable perdida de la conciencia situacional” ¿Por qué? Estamos hablando del hielo, no están hablando del descenso de River. Los pilotos estaban atacando el hielo que se formaba en las alas y nunca dijeron “yo esta la paso de taco”. Que pongan “probable” es lo mismo que si en los relatos de un partido digan “probable penal desviado” o fue gol o lo desvío, no hay muchas opciones. Uno tiende a suponer que hay una convivencia importante, porque de hecho los que acceden al predio son el juez, la compañía y la JIAAC. Fui a Suecia para la reconstrucción del accidente y no nos dejaron participar, incluso siendo peritos de parte pedido por los familiares de las víctimas. Algo completamente ilegal apañado por el juez Leonidas Moldes que estaba allá.


LM: ¿Cuáles son los “manejos” que gira en torno al control de la aviación civil?
EP: Todos los que te puedas imaginar. De los más graves hasta algunos irrisorios. En el Palomar vendían tierra. Si vos ves Google Earth, podes observar los pozos de donde sacaban tierra. Ya es como afanarse un puñado de maní, y mientras tanto la señora Nilda Garre los protegía. No entiendo por qué se ampara a estas personas, pero lo que sí se es que nunca tuvieron tanta protección política como con este gobierno. El cual, teóricamente, es el que vino a ponerles los puntos a los militares. Lo que hicieron con la crisis de los radares entre el 2006 y 2007 no tiene nombre. Metieron en el tráfico aéreo 48 aviones por hora cuando podían meter 16. Cuando se incendio la torre de control de Ezeiza en 1998 sacaban un avión cada media hora. Si tenemos en cuenta que en esa oportunidad el radar de Merlo andaba y en esta última no, es una locura lo que hicieron. Volaban como si no pasaba nada, la audacia que tuvieron fue increíble y supongo que ningún avión se la pegó por todo el quilombo que hicimos. No solo yo, sino también los controladores y los pilotos. Las consecuencias políticas que asumieron fueron extremas.

LM: ¿Qué opinas sobre las pérdidas de dos millones de dólares diarios que pierde Aerolíneas? ¿Es la línea aérea que más pierde en el mundo? Esta es una de las grandes banderas de la derecha en contra de la estatización...
EP: Si, lejos es la que más pierde. Ahora, si vos me decís que perdés dos millones de dólares por día para hacer una aerolínea de bandera, me parece perfecto. Si es así, Aerolíneas tendría que ir dos veces diarias a cada provincia -sin importar si es rentable o no- federalizando el país e integrándolo. Además podes ofrecer carga aérea generando una integración económica, desarrollando una red de vuelos al mercado internacional en pos de los intereses del país. Hoy la carga la saca Lan y American Airlines con sus redes. ¿Qué carajo les importa nuestros intereses? Hay que darle un buen servicio a la gente, ser puntual, tener más espacio en la tarifa económica, cosas que no suceden. En los últimos tres años tomé dos vuelos puntuales, Tucumán - Buenos Aires ¿Sabes por qué? Porque la tripulación pernocta ahí. Hoy se gastan dos millones de dólares para que el salame de Mariano Recalde –Presidente de Aerolíneas y dirigente de La Campora- se vaya a ver un partido a Montevideo con sus amigos y diga que ganó plata. Claro, ¿Qué contó? ¿El combustible y el aceite? Se olvido de contar la amortización, las cuotas que pagas por el avión, el seguro, etc. Vas a ver que no ganaste, sino que perdiste una fortuna. Eso pasa por poner un pibe así a dirigir una aerolínea. Yo estoy totalmente a favor de la estatización, pero muy en contra de cómo se esta llevando a cabo.

LM: ¿Cuál hubiera sido la solución?
EP: Había que estatizar Aerolíneas Argentinas como aerolínea bandera, pero no pagar un peso de la deuda. Hay que tener en cuenta que estos famosos dos millones de deuda diaria solamente incluyen el gasto operativo. Si sumamos la deuda total que se arrastra, los números en rojo son infernales. Cada arranque ideológico del peronismo nos cuesta varios millones de dólares. Primero fueron privatistas, ahoraestatistas y mañana van a ser privatistas de nuevo. Aerolíneas fue una gran línea aérea, y una de las más prestigiosas del Cono Sur. Perdimos una joya importante. Hice mi primer curso de Boeing 737 en los simuladores de Aerolíneas Argentinas y el segundo en el de United Airlines en Denver. Te puedo asegurar que el que hice acá le daba 20 vueltas de United Airlines. Entre la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y el Grupo Marsan -los dos grupos españoles que se hicieron cargo de la privatización de la línea aérea- la vaciaron, la saquearon y la destruyeron. Ahora donde estaban los simuladores esta el Banco de Boston.  

El show K: las victimas de la impunidad y la mentira

LM: ¿Sentís que hubo algún cambio en la Policía durante el gobierno kirchnerista con respecto a los gobiernos anteriores?
EP: No cambio nada. Todo se limita a una purga y encima están poniendo de jefes a gente de brigada, lo cual es un claro mensaje “muchachos, la joda sigue”. No es solo una deuda del actual gobierno, sino desde la vuelta en democracia hasta la actualidad. Nadie se metió con la Policía Federal, nadie planteó tercerizar los estudios de la Policía en lugares comunes y no en las cuevas donde estudian y son todos “amigos”. Es necesario que tengan roce con la sociedad civil, incluso que tengan una dirección civil. Es necesario prohibir que puedan interceptar autos o personas con vehículos sin identificación, que solo se utilice esta modalidad para inteligencia, seguimiento, capturas programadas o flagrancia. Les mandamos la película El Rati Horror Show a los 300 legisladores que tenemos con este pedido. ¿Qué se tiene que meter conmigo un chabón con un fierro que mete miedo? ¿Quién es?

LM: Incluso llegaste a mandarle una carta a Julio Alak, Ministro de Justicia ¿Fue por esa iniciativa? ¿Recibiste alguna respuesta?
EP: La carta se la mande cuando se negaban a darnos custodia policial. Luego del estreno de El Rati Horror Show, un grupo de personas entró a nuestra productora y revolvieron todo, entonces decidí poner algún cana en la puerta durante un tiempo para calmar las cosas. Estaba todo arreglado, habíamos elegido efectivos ligados a  Interpol - que no estaban en la joda-, otro perfil completamente distinto al policía promedio. Al día siguiente me llega un acta del comisario Roque Fernando Córdoba que decía que no nos podían mandar dos policías adicionales porque era un servicio voluntario – esta última palabra me la pone el rojo, tamaño 72 y subrayada-  y ningún efectivo quería prestar el servicio. Un mentiroso de cuatro esquinas porque los efectivos con los que habíamos hablado estaban contentos de hacer adicionales. Entonces decidí recurrir a Gendarmería y me contestó el comandante Enrique Nemesio Fernández – y yo entiendo que si te pusieron Nemesio tu infancia habrá sido un infierno, pero ¿yo que tengo que ver?- y me dice lo mismo. Una semana antes, Nemesio había mandado 800 efectivos a un partido de Chacarita, digo ¿no podía mandarme dos a mí? Ahí me calenté y le escribí a Alak para saber si el trato que estaba recibiendo era una postura oficial del gobierno o si responsabilidad de la Policía Federal. Quería saber que pasaba, más que nada porque me alarmaba que el mensaje interno en las fuerzas fuera “bueno, si no les gusto la película, tiene vía libre para hacer lo que quieran con Piñeyro” y que para la sociedad fuera “estamos con la comisaria 34”. Es decir “todo bien” con tirar a Ezequiel Demonty al Riachuelo y con armar una causa como la de Fernando Carrera. A los diez minutos me llaman por teléfono, me dicen que me calme y que me iba a recibir el Comisario General Vallecas. Efectivamente me recibe y me afirma que todo era un mal entendido. Durante la charla, el me dijo “yo te doy todas las garantías – y hace la pausa dramática – en la medida de lo posible”. La verdad que me dieron ganas de abrazarlo y de irnos a vivir juntos porque al final es el único que dice la verdad. Vallecas me dio a entender “mira, acá hay 60 mil efectivos, yo controlo a 40 y de esos te doy la garantía que no te van a hacer nada, el resto... y bueno fiera, estamos solos”.

LM: ¿En qué estado está la causa de Fernando Carrera?
EP: Está en la Corte, lenta pero está. Vamos a ver qué pasa. Zaffaroni votó por mandarla a la Cámara de Casación y que la revisen, algo muy tibio cuando directamente podría haberla anulado. Argibay no quiere saber nada he invoca el artículo 280, que les permite rechazarla “In Limine”. Todos los meses me llegan varios casos de causas armadas como la de Carrera. Uno escuchas hablar tres minutos a los familiares de las victimas y te das cuenta que es verdad, pero no puedo hacer una película por cada uno. Por eso, junto a Manuel Garrido - ex Fiscal Nacional de Investigaciones Administrativas- creamos una especie ONG que se dedica a revisar las causas. Actualmente Carrera está en Marcos Paz, que dentro de todo es lo mejorcito dentro del sistema penitenciario. La cárcel está en un campo abierto, es panóptica, son celdas individuales y no tiene pisos. Tiene una serie de ventajas importantes y es el mejor lugar donde me pueden mandar si llego a perder alguna de las 11 demandas penales que tengo en contra.

LM: Uno de tus grandes detractores del actual gobierno –y que no se entristecería si te viera preso- es Aníbal Fernández. ¿Qué opinión te merece este funcionario?
EP: A mi ese sujeto me hace cagar de risa. Me dice que hablo de los radares y que promuevo una ley de intercepción –que la llama Ley de Derribos – y afirma que los monopolios me están haciendo decir eso. Él era el primero que la proponía en el 2004. Sostiene que mi propuesta responde a la doctrina de la seguridad nacional y a la política de Ronald Reagan. Perfecto, ¿no depende de la Fuerza Area que no se viole el espacio aéreo nacional, así como de la Marina el marítimo, y del Ejército el terrestre? Encima, al sacar a Gendarmería para ponerla a custodiar centros urbanos y mandar al Ejército a la frontera, el Estado esta actuando según el plan CONINTES y toda esa doctrina de mierda. Todo esto es parte de la política del Estado. Están decomisando una toneladas de cocaína por semana, ¿acaso se volvieron más eficientes? No, lo que pasa es que están pasando mil y les regalan tres cada tanto para que tengan algún título en los diarios. Aníbal Fernández decía “tenemos que poner la ley de derribos como hizo Brasil, sino Argentina va a ser un colador para el narcotráfico”. Ahí lo tenés, auto profecía cumplida y ahora se opone a esta ley. Que raro ¿No?

Crisis capitalista: ¿Dónde esta el piloto?

LM: ¿Cómo ves el panorama general del gobierno teniendo en cuenta el contexto de crisis global?
EP: Nos va a dar con un caño a todos. Esta crisis internacional es producto de la supremacía de las finanzas por sobre la producción. Goldman Sachs (GS) viene gobernando la política económica estadounidense desde Bush padre, Clinton, Bush hijo, hasta llegar a Obama. Timothy Geithner –ex GS - era el Secretario de las Reservas Federal de Nueva York en el 2008 cuando se estallo la crisis financiera y hoy es Secretario del Tesoro. Hay un poder financiero tan fuerte que nadie lo regula ni lo detiene. Hasta llegan al extremo de  inventar vehículos de inversión con deudas incobrables. Encima están apoyados por diferentes herramientas como las calificadoras de riesgo, que tres días antes de que quebrara GS le daban una calificación de AA (Ndr: indica que existe una expectativa de riesgo de crédito muy reducida). Esas mismas calificadoras son las que dicen alguna boludez y caen todos los mercados, con el daño real que eso significa.  Algo que no comprendo es cómo esta permitido vender deuda, eso se llama usura. Existen tres tipos de inversión clásica: plazo fijo, deuda pública y acciones de una empresa. Hasta mi abuela entiende esos conceptos. Pero hoy en día, una hipoteca de un norteamericano se la venden a un agente que va a comisión, la reasegura en otra entidad financiera, y finalmente si esa casa se quema el seguro lo puede terminar cobrando un tipo en Japón. Lo que les importa es que la casa se queme, que reviente la economía y, por sobre todas las cosas, la economía real. Apuestan a favor de instrumentos financieros apoyados en nada, denominados “derivativos”. Es algo desquiciado, la economía es un invento del hombre que después se desmadro y hasta hubo que crear universidades para entenderla. Ahora, ellos entienden bien lo que es la economía, el tipo común no. ¿Vos te creés que una economía como la nuestra – desregulada, donde un salame como Guillermo Moreno hace y deshace la inflación y nadie sabe cual es la economía real- va a resistir la crisis? De ninguna manera, son una fantasía los datos de la inflación, del Indec, de la marginalidad y la pobreza.

LM: A esto hay que sumarle que actualmente argentina esta bajo las leyes financieras de Martínez de Hoz y el kirchnerismo no las ha modificado…
EP: El kirchnerismo modifica las cosas sólo cuando les conviene a sus intereses. Antes eran socios con Clarín y cuando se pelearon impulsaron el tema de la Ley de Medios. Ya arreglaron con Techint y ya van a volver a arreglar con Clarín. El problema es la sustentabilidad de este modelo, porque va a llegar hasta cierto punto y luego colapsará. Acá dependemos prácticamente de un monocultivo como es la soja. Pero no es uno más, sino uno que implica manipulación genética y glifosato. Ya han bochado la Ley de Glaciares a favor del lobby minero encabezado por la Barrick Gold. ¿Dónde esta el modelo nacional y popular? Qué se yo dónde estará.

LM: Tus películas pueden ser consideradas como cine de protesta, pero vos siempre te mostraste políticamente independiente de toda estructura partidaria ¿Porqué?                                
EP: Hay un problema serio, la política partidaria tradicional está tan desacreditada que si vos pones un pie adentro, perdés toda credibilidad al instante. Si uno saca una película como Fuerza Aérea S.A influye en forzar el cambio, ya que al día siguiente el gobierno dice que le va a sacar a la Fuerza Aérea el control de la aviación civil. ¿Pero que sucede? Al otro día dicen que la película no tiene nada que ver con la medida, y hacen el cambio pero como el culo. Por más que uno pueda influir o forzar decisiones, lo ideal sería decidir como se van a implementar. Hay que generar nuevas herramientas que reformulen y cuestionen la actual “democracia”. Casi nunca hablaba de aviones, siempre hablé de política. Yo no sé por qué sigo figurando en los padrones de la UCR. En 1983 no quería que de ninguna manera gane las internas De La Rua y me afilié para votar a Raúl Alfonsín. El día que sacaron la Ley de Obediencia de Vida y Punto Final me desafilié. Ahora tengo que ir a Tribunales para que me borren definitivamente. Otro de los problemas es que hoy en día la corrupción ya esta aceptada, ahora la pelea es por la impunidad. Para el gobierno nacional,  Osvaldo Papaleo es “un capo” porque habla a su favor sobre la causa de Papel Prensa, cuando fue la mano derecha de López Rega. O si miramos el caso Schoklender, que Hebe de Bonafini sea querellante en la causa contra Schoklender, es lo mismo que Deutsch lo sea en la de LAPA.




La nota fue publicada en la Revista La Maza