martes, 28 de febrero de 2012

Miserias a cielo abierto

                                            CFK  y parte de los gobernadores mineros agasajando a Peter Munk,
                                                       uno de  los dueños de la Barrick Gold.

Por Ezequiel Alvarez

Muerte, represión y saqueo. Sin estas tres palabras, el concepto de mega minería no podría existir. Van de la mano al igual que van de la mano el gobierno nacional y las mineras extranjeras, encargadas de llevarse los minerales y las divisas, dejando contaminación, destrucción y migajas. El conflicto generado en torno a la minería metalífera a gran escala desenmascara las políticas reales del kirchnerismo y la burguesía nacional, que solo buscan poner en bandeja los recursos naturales y estirar lo máximo posible el discurso de un progresismo emancipador, que no resiste ningún contraste con la realidad. Gracias a los levantamientos populares, los cuestionamientos hacia esta actividad extractiva y destructora han echado raíces en amplios sectores de la sociedad. Hoy, los pueblos de Famatina, Belén, Andalgala, Tinogasta, Chilecito, entre otros, son los faros a seguir en una lucha por la emancipación. Pese a que muchos intenten enfriar el conflicto con vientos malvinenses, el repudio a la minería a cielo abierto truena más fuerte que las explosiones que mutilan la Cordillera de los Andes.

LA SOPA QUIMICA Y FINANCIERA
El imaginario cultural asocia a la minería con el trabajador explotado, su típico casco con la linterna, un laberinto de socavones y la imagen de una mujer rezándole a la mina para que no se trague a su marido, hijo, o hermano. Esas imágenes se han quedado en el tiempo, y ahora le  han dado paso a otras imágenes: las de un “progreso limpio” de técnicos, químicos, ingenieros, geólogos, miles de toneladas de maquinaria pesada, cianuro y explosivos. La nueva hija prodigio de los saqueadores tiene nombre: minería a cielo abierto. ¿En qué consiste este tipo de método extractivo y contaminante? Todos los elementos de la naturaleza están compuestos por minerales, pero lo que hace rentable su extracción es la concentración del mineral en la zona por explotar. Incluso en nuestro cuerpo podemos encontrar metales como oro, salvo que para una minera no es rentable exprimirnos para extraerlo, o por lo menos no lo es hasta el momento. La minería de socavón -o tradicional- se basa en la extracción de minerales concentrados en las vetas naturales. Pero, cuando se agotan las vetas, cualquier estructura geológica se transforma en una gran fuente de minerales diseminados. Para poder extraer estos minerales dispersos es necesario reducirla a escombros. Cientos de miles de toneladas de dinamita, o incluso millones –como lo estipulado en el proyecto binacional argentino chileno Pascua Lama- pueden transformar grandes montañas en profundos cráteres. Luego, gigantescos montículos de escombros son rociados con sustancias químicas como cianuro de sodio para obtener oro y plata, o con  ácido sulfúrico en el caso del cobre. Este proceso químico se llama  lixiviación, y en él  se logra separar la mena (material crudo compuesto por varios minerales de interés) y la ganga (es decir el resto de los minerales que acompañan a la mena y no representan de interés económico al momento de la extracción) del material estéril. El resultado para las mineras: por cada tonelada de montaña molida, se obtiene un gramo de oro, entre otros minerales. El resultado real: una gran sopa química compuesta por millones de toneladas de material contaminado pasa a formar parte de dudosos diques de contención - que luego logran filtrase en las napas y contaminar afluentes -, peri glaciares y glaciares son destruidos, junto con toda la flora y fauna de la zona, se expiden miles de toneladas de gases de efecto invernadero al cielo y el daño socio ambiental se torna irreversible.  

En territorio argentino hay 17 emprendimientos mega mineros en actividad. Los casos más resonantes son la mina Bajo La Alumbrera en Catamarca, Veladero en San Juan y Cerro Vanguardia en Santa Cruz. También existen más de 400 proyectos mineros en diferentes etapas. Entre los proyectos más controvertidos está el de la empresa canadiense Osisko Mining Corporation en Famatina –frenado gracias a la presión popular-, el proyecto de Agua Rica en Andalgalá, y el de la extracción de litio en los salares de Jujuy y Salta, que amenaza con echar de sus tierras a poblaciones originarias. El mercado minero en Argentina está  liderado casi en su totalidad por unas 50 empresas extranjeras, entre ellas Xstrata, Yamana, Goldcorp – estas  tres conforman Minera Alumbrera Ltd, la accionista mayoritaria del Bajo La Alumbrera-,  Barrick Gold – en la cual tiene acciones la familia genocida Bush-, Anglogold , Yamiri, Río Tinto, y Magauranium. Estas empresas, enceguecidas por el aumento en el mercado financiero de los minerales- desde 2001 hasta la actualidad los precios del cobre subieron más del 204% y los del oro más del 616%-, vuelcan todo su potencial al saqueo, sin importar el costo que deben pagar las poblaciones perjudicadas. Tanto la minería a gran escala, como las pasteras y los agro negocios forman parte de un modelo extractivo contaminante que solo beneficia a las empresas, en convivencia con los gobiernos de turno. Así como gran parte de los minerales extraídos de suelo argentino son utilizados para uso civil, un importante porcentaje es destinado para fines que distan mucho de algún objetivo pacífico. Uno de los minerales de los cuales poco se habla es el molibdeno, que es piedra fundamental en la industria militar. Este tiene la cualidad de endurecer al hierro y es utilizado en la industria de la aviación, armamentística y en la fabricación de misiles. El proceso del saqueo tiene su ruta: el material sin procesar –y sin valor agregado- es trasladado a diferentes puertos donde se los saca hacia destinos donde cuentan con la capacidad técnica de obtener el material puro. El mineral argentino se transforma en miles de millones de dólares de empresas extranjeras depositados en bóvedas de seguridad en Zurich, Londres, New York y cualquier otra metrópolis financiera alejada del cianuro, los escombros y la contaminación. 

LA HERENCIA DE PAPÁ.
“Menem es el mejor presidente desde Perón” se animó a decir Néstor Kirchner, durante un acto en el cual agasajaba en su carácter de gobernador de Santa Cruz al ex presidente riojano. Era 1993, ya varias empresas habían sido entregadas a la sangría privatizadora y el actual Código Minero estaba siendo pergeñado entre los altos sectores del menemato y el lobby minero trasnacional. Entre las herencias políticas que hoy en día subsisten del “mejor presidente desde Perón”, la política minera es una de ellas. Mientras todos los sectores del kirchnerismo se llenan la boca atacando al neoliberalismo, es responsabilidad de este gobierno que en más de ocho años de gestión no se haya cambiado ni una coma a una legislación vergonzosa. Y no es casualidad! ¿En qué consiste este Código? Es el sueño de las mineras transnacionales, donde literalmente el Estado pone un cartel de “se vende” a todas las fuentes de recursos mineros. Muchas de las concesiones que se fijan en ese Código son aberrantes. Una de ellas, asegura que una vez comenzada la investigación de base (primera etapa del proceso de explotación minera) la empresa tiene derecho a finalizar todas las etapas. También dispone que la minera goce de un derecho adicional que es el de exigir la venta forzosa del terreno que resulte necesario para la instalación de obras de infraestructura minera y servicios. No solo permite el saqueo, sino que en el Código Minero figura un artículo por el cual el Estado -nacional, provincial o municipal- tiene prohibido explotar por sí solo cualquier yacimiento. Si, ríase o mejor llore. 

El Código Minero no está solo, su hermana bastarda es la Ley 24.196 de Régimen de Inversiones Mineras, sancionada en abril de 1993, también con el apoyo de los K. Esta ley otorga más beneficios, como eximir a las empresas de impuestos - el IVA, a las utilidades y gravámenes activos- y permite que se lleven el 100% de las divisas por exportaciones al exterior. También las las mineras son privilegiadas ya que tienen estabilidad fiscal por treinta años, es decir que ni el Corralito del 2001 las afecto.  El punto más crítico esta en el artículo 21 de dicha ley, donde se concede un reembolso superior al 5 % del valor total exportado si se lo saca del país por puertos patagónicos. Si tenemos en cuenta que las mineras están obligadas a pagar al Estado solamente un 3 % del valor total del mineral en boca de mina –cifra que surge de las declaraciones juradas hechas por la propias empresas mineras-, no quedan dudas que se legisla y gobierna en pos del beneficio minero y que deja como ecuación un saqueo sin precedentes. Como si fuera poco, las mineras no pagan ni un centavo por el agua, la electricidad y el gas que utilizan porque están subsidiadas por todos los argentinos y argentinas (aparentemente aun no existe el SUBE minero).

Para conocer realmente lo que se oculta detrás del negocio mega minero, no hacen falta investigaciones exhaustivas ni desclasificar ningún tipo de documento secreto: los fundamentos de todos los “eco terroristas o nazis” –como los definió el gobernador sanjuanino Gioja- parten de la realidad cotidiana. Funcionarios públicos en febriles reuniones con los principales accionistas de las mineras, graves contradicciones entre ellos, esfuerzos patéticos y denodados de la prensa fiel a la prebenda oficialista (6,7 y 8, Pagina 12, Victor Hugo Morales, etc.) y una falta de credibilidad sin precedentes del gobierno en la sociedad son los movimientos visibles de un poder que comienza a estar acorralado. Son los pobres  recursos con  los que el Kirchnerismo está intentando revertir el impacto. El fin: sostener el millonario negocio mega minero que solo beneficia a las multinacionales y a la clase política de turno, es decir a este gobierno y sus aliados. Un ejemplo de la ignorancia y la desesperación por lograr desactivar el conflicto  está personificado en la gobernadora K de Catamarca, Lucia Corpacci, quien afirmó que la Minera Alumbrera no utiliza cianuro en ningún momento de su producción”. Desde estas páginas recomendamos a los asesores de la gobernadora –si es que quieren mantener su trabajo- que le hagan llegar el informe de impacto ambiental elaborado por la propia empresa  en donde reconoce que utiliza 700 toneladas anuales de cianuro.   Si tenemos en cuenta que este informe no fue auditado ni corroborado por ningún ente estatal o ciudadano, sería poco serio no considerar que la realidad es mucho peor de lo que acusan los tendenciosos “papers” corporativos y que se intenta ocultar una gran tragedia que se llama minería a cielo abierto. Esta convivencia en sociedad llegó a un punto irrisorio cuando el pasado 15 de febrero se creó la Organización de Estados Productores Mineros de la Argentina. Esta “organización” cuasi mafiosa fue lanzada por los gobernadores kirchneristas de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz, contando con la participación del Ministro de Planificación Federal Julio De Vido. La iniciativa es promovida desde el Gobierno Nacional y busca generar un espacio unificado del discurso pro minero para generar una campaña de desinformación y buscar la tan ansiada “licencia social”. Mientras parte de la estrategia disuasiva apunta a reflotar el conflicto por las Islas Malvinas, el territorio nacional es rematado a las transnacionales. A la hora de encarar esta campaña estatal pro minera, el Gobierno Nacional es capaz de todo, incluso de que la propia presidenta mienta descaradamente en cadena nacional. Así sucedió en la teleconferencia que mantuvo con un “simple” obrero minero llamado Antonio, el cual defendió a la minería. "Antonio, vos no sos dirigente político, sos un trabajador que defiende su lugar...”, le dijo CFK. Lástima que el tal obrero ni se llamaba Antonio ni era obrero, sino un conocido Armando Domínguez, presidente del PJ de Olavarría y reconocido burócrata y traidor sindical de AOMA (mineros), desde donde se ha reunido en reiteradas ocasiones a negociar con todas las patronales mineras. ¿Cómo pretenden que se lleve adelante una “discusión seria” sobre la minería a cielo abierto con tantas y tan patéticas mentiras?


CUANDO LA MUERTE SE DISFRAZA DE PROGRESO.
Uno de los enunciados que esgrimen como caballitos de batalla desde los gobiernos Nacional y Provinciales pro mineros es que la mega minería es una fuente importante de trabajo para las poblaciones “incluidas” por el emprendimiento. Una total tergiversación de la realidad. Uno debería preguntarse a lo largo de la historia del capitalismo ¿cuándo una población fue beneficiada por el saqueo contaminante de sus recursos naturales? Las grandes ganancias siempre son para las empresas y no para las comunidades que habitan zonas donde abundan los recursos naturales. Casi todos los proyectos mineros de nuestro país tienen una duración estipulada de 10 a 40 años, después de los cuales las compañías mineras se trasladan a otros lugares dejando contaminación, devastación y pueblos diezmados. Estas comunidades, como el caso de Belén, Famatina o Tinogasta, basan su economía en el trabajo de la tierra, ya sea agricultura o ganadería. Son pueblos que poseen una economía sustentable y una estabilidad socio ambiental ligadas a costumbres y modo de vida heredados de generación en generación. Sería de necio negar que las Provincias “mineras” y sus pueblos cordilleranos soportan  índices de pobreza alarmantes pero imponerles como herramienta para la “inclusión social” y fuente de trabajo a la mega minería, es como querer curar un dolor de cabeza con una pastilla de cianuro. Dinamitar montañas enteras o hacer grandes cráteres llenos de agua contaminada no es una actividad sustentable y para colmo de males, aniquila a las otras actividades que si lo son. ¿Qué clase de informe de impacto socio ambiental serio y veraz es el esperable de la minera Bajo La Alumbrera? Uno acorde a un cráter de dos kilómetros de largo y 500 metros de profundidad que utiliza 100 millones de litros de agua por día y es uno de los emprendimientos ubicados entre los mayores consumidores de energía del país. No hace falta ser un gran geólogo ni un erudito en la materia para comprender  que esos millones de litros que está utilizando esta mina vacían los acuíferos de Campo del Arenal, fuente hídrica esencial para la actividad productiva de la zona.

La mega minería tampoco es una fuente empleadora de operarios y personal capacitado que signifique una variación en la tasa del índice de desempleo de manera significativa, salvo que las estadísticas caigan en el mágico INDEC de Moreno. La Minera Alumbrera declara que entre cobre, oro, plata y molibdeno ha exportado 43.848 millones de pesos hasta 2010, casi doce veces más que la inversión inicial de la empresa. En el área de impacto del proyecto, que son los departamentos catamarqueños de Belén, Santa María y Andalgalá, se generaron 481 empleos directos por este emprendimiento. Si tenemos en cuenta que la población total entre las tres localidades es de aproximadamente 54 mil habitantes, el porcentaje de empleados de la minera es de 0.89 por ciento. Esta tendencia de “crecimiento” económico y social  –que son infladas por los gobiernos y las mineras- se repite en cada uno de los grandes proyectos mineros a escala nacional y mundial, dejando en claro que lo único sustentable y seguro de este negocio son las vergonzosas cuentas bancarias de los accionistas y que la “teoría del derroche minero”, casi con seguridad, está refrescando los ávidos   bolsillos de nuestra  clase política “nacional y popular”.


Otro enunciado capcioso es que la mega minería genera empleo indirecto. Verdadero, pero ¿qué actividad no lo hace? ¿Cuál es el  porcentaje de empleo indirecto creado por la mega minería? Según lo informado por la propia Minera La Alumbrera, en su zona de influencia directa,  es un magro 3.5 por ciento por cada obrero de mina. Durante el 2010, la minera compró bienes y servicios por 1220 millones de pesos,  pero de ellos sólo 54,6 millones de pesos fueron compras  realizadas en Catamarca. Si de salarios hablamos, el cuentito kirchnerista del “fifty-fifty” no lo han escuchado por Catamarca, ya que de los 6390 millones de pesos que la minera afirma haber exportado en el último balance, solo el 2.5 por ciento fue traducido en sueldos a sus trabajadores.


CON EL PALO O CON  LA BILLETERA.
Para borrar cualquier tipo de dudas,  tomemos un caso que ejemplifica la verdadera naturaleza de estas empresas: la masacre de Tanzania, África.  En 1996 grupos para policiales y fuerzas de seguridad públicas que respondían a una empresa subsidiaria de la Barrick Gold enterraron vivos a 50 mineros y desplazaron a más de 400 pobladores que vivían de la extracción de oro a baja escala para poder usurpar sus tierras y llevar adelante su proyecto minero. En ese momento, la empresa había entrado al país africano prometiendo trabajo y prosperidad. Hoy el décimo país más pobre del mundo es Tanzania, donde el salario promedio diario es de un dólar y la expectativa de vida es de 51 años. La única solución viable, aquí y allá,  es que todas las minas sean declaradas bienes nacionales y sean explotadas por sus trabajadores, y estén controladas por organismos ambientales y de las poblaciones cercanas.

Pero las mineras también tienen su lado “bueno”. O por lo menos, intentan aparentarlo. Varias universidades nacionales reciben fondos producto de la explotación minera y uno de los casos más emblemáticos de esta relación simbiótica es el de la Universidad Nacional de Tucumán, que recibió más de 190 millones de pesos. La accionista minoritaria de Minera La Alumbrera Ltd es Yacimientos Mineros Agua de Dionisio (YMAD), una sociedad compuesta por la provincia de Catamarca, el Estado Nacional y la Universidad de Tucumán. YMAD recibe el 20 por ciento de las utilidades de la mina, de esa suma el 60 por ciento se dirige a las arcas catamarqueñas,  un 20 por ciento va para la universidad tucumana y el sobrante para el resto de las casas de estudios superiores nacionales. ¿Cómo podemos interpretar que el lobby minero financie a las universidades? Simple, cambian financiamiento por “lealtad intelectual” y dudosa legitimidad a la hora de elaborar documentos de impacto ambiental o cualquier tipo de informe –que tendría que ser objetivo y abogar por el bienestar de la comunidad-  utilizado para defender  la explotación y el saqueo de estas multinacionales. Por suerte, algunas otras universidades, con un poco más de dignidad y sentido de la soberanía nacional, rechazan estos fondos, como lo ha hecho, por ejemplo,  la Universidad Nacional de Río Cuarto.

EN PIE Y LUCHANDO.
Antes, los colonizadores europeos saqueaban al continente americano mediante el fusil y la cruz. Ahora a las transnacionales les basta con comprar a una clase dirigente entreguista y cipaya para que legisle en su antojo y si algún “pueblito” se opone, la respuesta siempre va a ser la macana en una mano y en la otra el Código Penal – con su flamante Ley Antiterrorista- para criminalizar la protesta. Esto es lo que sucedió y sucede en Andalgalá, Belén, Famatina, Tinogasta, Chilecito, etc. La formula es la misma: la fuerza represiva de la policía y sus grupos de elite, -conjuntamente con patotas para policiales- actúan reprimiendo los cortes de ruta, persiguiendo y amenazando manifestantes. Todo esto es posible gracias a una Justicia cómplice que lo único que hace es emitir ordenes de desalojo y mirar para otro lado cuando los derechos de los vecinos y vecinas de las zonas afectadas son pisoteados. La represión más violenta sucedió en la población de Belén, donde una pueblada se manifestó en contra de la mega minería y decidió cortar el acceso hacia la Minera Bajo La Alumbrera para interrumpir el suministro y que detenga sus actividades. El saldo fue de varios heridos -entre ellos mujeres y niños- y  más de 30 detenidos. El ensañamiento con el cual se reprimió no terminó con un muerto de milagro, o quizás porque había varias cámaras de televisión transmitiendo en vivo para todo el país. Luego, con el correr de las horas, la represión en Belén se transformó en una persecución sistemática y seguimiento de asambleístas. Esta metodología es muy común y controlada de cerca por las propias mineras, quienes se encargan de financiar estas patotas pro mineras que atemorizan a la población movilizada. Lo mismos sucedió en Andalgalá, donde los matones realizaron un contrapiquete en el principal acceso de la ciudad impidiendo el ingreso de periodistas, referentes políticos y militantes sociales. Hoy en día, este piquete pro minero se levantó gracias a la presión popular, pero el pueblo continuo virtualmente sitiado.  Las tareas de inteligencia están al orden del día. Incluso llegan a confeccionar bases de datos con las descripciones de cada uno de los “cabecillas” de las puebladas. Gracias a que el gerente de la minera canadiense Osisko Mining Corporation se olvidó una carpeta con la “lista negra” de asambleístas de Famatina y Belén en una hostería salió a la luz esta práctica digna de la dictadura militar. En esta lista figuraba el apellido, nombre, profesión y nivel de participación en las protestas de los asambleístas. Hasta se animaba a estipular qué suma de dinero sería suficiente para darles un “resarcimiento económico” para que cambien de posición. Todo esto ocurre bajo la tutela de  “el gobierno de los derechos humanos”. A este “aparato de inteligencia” se le suma otra faceta represiva que es la de interferir y censurar a los comunicadores sociales que denuncian y pasan el parte diario del conflicto. Así sucedió con la radio El Algarrobo, de la Asamblea de Andalgalá, que tiene interferida la señal y solo puede transmitir vía internet. La pequeña radio era el único medio de comunicación libre que denunciaba el saqueo de la minería a cielo abierto en la zona, al mismo tiempo era un punto de confluencia de todos los pobladores movilizados. Pese a que la señal continúa interferida y la Comisión Nacional de Comunicaciones no hace nada para terminar con esta censura, no han logrado callar su voz. Las decenas de asambleas diseminadas a lo largo de la Cordillera y diferentes puntos del país han servido como caja de resonancia de una lucha en contra de la muerte y a favor de la vida.

Frente a este panorama represivo, los pueblos no dan su brazo a torcer. Las manifestaciones en cada una de las diferentes localidades son multitudinarias, las asambleas crecen  y hasta incluso han arrastrado consigo a otros actores sociales –de mucha importancia en la población local- como curas, intendentes municipales, referentes culturales, etc. que se han mostrado en contra de la represión y el saqueo contaminante. Esta lucha no nació hace dos meses, pero si tomó un mayor nivel de impacto y adhesión en la opinión pública. El repudio a la mega minería viene desde hace años y ya tiene varias batallas ganadas. Uno de los casos emblemáticos es el del pueblo de Esquel, que logró frenar mediante un plebiscito un proyecto saqueador de la empresa canadiense Meridian Gold. Esta avanzada de los sectores populares en contra de los proyectos saqueadores y contaminantes no es exclusiva de Argentina, sino que los focos se esparcen por el resto del continente hasta México. El pasado cinco de febrero, la comunidad originaria de Ngäbe Buglé de Panamá ha sido brutalmente reprimida por la policía local, que ha asesinado a dos pobladores por oponerse a un proyecto mega minero. También en Perú y Bolivia, la lucha por el agua y en contra de la minería está adquiriendo dimensiones preocupantes para los gobiernos capitalistas de Ollanta Humala y Evo Morales. El patrón se repite y deja en claro que esto es un plan a escala continental de las multinacionales y sus gobiernos serviles. Cada movimiento en el tablero es un paso más hacia una guerra casi inevitable: la de los recursos naturales. Nuestras clases dirigentes son socias de  los intereses extranjeros y si la lucha de los pueblos no acaba con estos socios y sus negocios, ellos no vacilarán en masacrar con tal  de mantener su margen de ganancia. Las asambleas, los piquetes, y toda forma de resistencia popular y acción directa son llamadas de atención que deben ser multiplicadas, ya que es la única manera de asegurar la derrota de estos nuevos conquistadores y sus  gobiernos. Por suerte, cada día son más las personas que al ver un anillo de oro se preguntan de dónde sale y cuánta sangre contiene.



Recuadro
EL CINISMO DE GOBERNAR

En el San Juan del kirchnerista Gioja, el saqueo da un salto cualitativo sin precedentes. La cordillera sanjuanina es despedazada por varios emprendiemientos mega mineros entre los que se encuentra Veladero de la Barrick Gold - una de las minas auríferas en actividad más grandes del mundo -, firma de la cual la familia Bush es accionista. Pero, Veladero va a quedar chica al lado del proyecto Pascua – Lama, también propiedad de la Barrick. Esta será la primera mina que funcionará amparada en Tratado Minero Argentino-Chileno - firmado en 1997 por Frei y Menem- que establece una zona liberada de explotación de metales en beneficio de las mineras transnacionales a los dos lados de la frontera y que ha creado sobre la Cordillera de los Andes, un tercer estado minero cuya bandera es la ganancia  a cualquier costo. Pese que la contaminación afectará a comunidades de los dos países, los respectivos gobiernos de Piñera y CFK hacen la vista gorda y dan luz verde para que se ponga en marcha lo que será la mayor mina del mundo y que utilizara la misma cantidad de explosivos que se arrojaron durante la Segunda Guerra Mundial.


El cinismo de CFK llega a tal punto que su mismo gobierno no respeta las leyes que han sido aprobadas bajo su mandato. Es el caso de la ley 26.659/2010 que "prohibe a los estados nacionales, provinciales y municipales contratar empresas que tienen interés, filiales o conexiones con empresas que se encuentren explorando por hidrocarburos en Malvinas". Las mineras transnacionales y las empresas que quieren extraer petróleo en las Malvinas tienen un punto en común fundamental. El caso de la minera Xstrata clarifica: está controlada por el banco ingles Barclays, que es el principal accionista de Desire Petroleum y de Borders & Southerns. Estas dos concesionarias obtuvieron permisos del gobierno de los kelpers para realizar tareas de exploración en un fondo marino que se estima que posee más de  60 mil millones de barriles de petróleo de alta calidad. Cifra que pulveriza las reservas probadas de la Argentina, estimadas en unos 2.600 millones de barriles. El entramado financiero internacional que se puede tejer entre el resto de las mineras que explotan la cordillera y las petroleras con intereses en las islas daría para otra nota. Lo que queda claro es que se está entregando la cordillera a los mismos grupos económicos que promueven la ocupación civil y militar de las Islas del Atlántico Sur. ¿No es de traidor al pueblo argentino decir que este Gobierno Nacional defiende la soberanía territorial?


La nota fue publicada en la Revista La Maza

lunes, 19 de diciembre de 2011

A diez años del 2001: La gesta de una nueva traición


 La clase trabajadora continúa pagando los platos rotos del capitalismo. Las medidas económicas progresistas del kirchenrismo no fueron tomadas por ideología de los gobernantes, sino porque el sistema necesitaba mostrar su mejor sonrisa, para ocultar su rostro de horror y hambre. Subsidios, planes universales y desactivación de la militancia son algunos de los mecanismos de control que la burguesía comenzó a vislumbrar desde el momento que De La Rua renunció

 Por Ezequiel Alvarez


AQUELLOS DIAS DE DICIEMBRE

Las detonaciones de escopetas retumbaban en la “City porteña”. El Estado se caía. Mientras, en el aire, un helicóptero apresurado huía rumbo a la historia. La Avenida de Mayo - adornada con una alfombra de cascotes- fue la vena por donde se desangró la Argentina “neoliberal”. Pero esta sangría fue un proceso -lento y silencioso iniciado en los 70 que llegó a su punto culmine cuando la clase media se vio enjaulada y privada de lo más precioso que posee: sus ahorros. Las imágenes se repetían en todos los rincones del país: cientos de miles de cacerolas llenas de bronca retumbaban junto a millones de estómagos vacíos. El establishment y la clase política, comandada por Fernando De La Rua, no tenían una respuesta inmediata para arreglar los problemas causados por su avaricia capitalista. No había solución que no implicara un nuevo engaño al pueblo argentino y a su clase trabajadora. Las calles se transformaron en barricadas, el helicóptero se encendió y la traición comenzó a tomar forma.

Para entender el por que del estallido económico y social del 19 y 20 de Diciembre es necesario partir de una base: la crisis del 2001 fue una crisis capitalista en Argentina, caracterizado por la destrucción industrial, la hegemonía de la burguesía financiera y la extranjerizacion de la economía. Fue de carácter capitalista –y no neoliberal como muchos sectores del forismo intentan imponer para acotar la onda expansiva y dejar reductos para el reformismo- que eclosiono atacando a uno de sus principales “productos y aliados”: la clase media. Aquella que durante los 90 paseaba en Miami, tierras gringas donde no llegaban los gritos de agonía de la clase trabajadora y el proletariado en harapos. En el periodo del menemato, las políticas económicas de Martínez de Hoz dieron un salto cualitativo y cuantitativo. Miles de grandes fábricas cerraron, la extranjerización económica y cultural fue avasallante. Pese a los constantes reveces, los sectores más excluidos resistieron en cada piquete o manifestación incluso hasta dar la vida, como con los asesinatos de Teresa Rodríguez o Anibal Verón. Estas políticas económicas fueron promovidas especialmente por Domingo Cavallo -ex Ministro de Economía del menemato y de la Alianza que transformó el Palacio de Hacienda en un apéndice del FMI- y pusieron al país al borde del precipicio. La gran vedette menemista fue la privatización: fueron vendidas a capitales extranjeros la empresa estatal de telefonía y comunicaciones, Aerolíneas Argentina, YPF y sus derivados, los ferrocarriles, la industria del hierro y el acero, las compañías de gas y agua, cientos de inmuebles estatales y se dieron en concesión cerca de 10.000 kilómetros de autopistas, varias represas hidroeléctricas, etc . El saldo -más que negativo- fueron millones de despedidos o “retirados voluntariamente”, unos magros 27.000 millones de dólares en las arcas estatales y un país de rodillas. Para fines de 1999, luego de diez años de intensivo saqueo y convertibilidad, Argentina le debía a la banca internacional más de 145.300 millones de dólares, veinte veces la deuda externa antes de la última dictadura militar. Haciendo un paralelismo con la medicina, el paciente era terminal y su metástasis voraz. Convengamos que siempre estuvo enfermo y cargo con el cáncer del capitalismo, pero la Dictadura Militar empeoró el cuadro, Menem lo llevó a terapia intensiva y De La Rua no sabia ni para que servia la penicilina.

PUEBLO QUE LUCHA, PUEBLO QUE APRENDE…

Hacia fines de 2001, con la Alianza en el poder y Chacho Álvarez en su casa, la situación de hambre en la clase trabajadora pudría el efímero entramado social. Según los datos que arrojaba el INDEC, en la Capital y Gran Buenos Aires había más de 3,5 millones de personas bajo la línea de pobreza y, a nivel nacional, la suma ascendía al 40 por ciento de la población, es decir más de 15 millones de habitantes. La desocupación era un flagelo tangible, afectaba a más de un cuarto de la población y seis de cada diez trabajadores ganaban menos de 500 pesos mensuales. Mientras -silenciosamente- la economía argentina y el sistema financiero era socabados por el mismo capitalismo. Gracias a la “remisión de utilidades” –sacar el dinero del país hacia las metrópolis capitalistas- por parte de las grandes empresas, los depósitos bancarios bajaron de 87.000 millones de dólares a principios de del 2001 a 19.400 millones hacia fines de abril de 2002. Para ese entonces, el gobierno de De La Rua ya había demostrado que sus respuestas eran el ajuste, la flexibilización laboral y el recorte de salario para la clase trabajadora. El 2 de diciembre, Cavallo les da al pueblo argentino su último “regalo” antes de Navidad: el corralito. “Hemos tenido que adoptar una medida transitoria de limitación a la extracción de dinero en efectivo”, comunicó el ex ministro. Es decir, restricción para poder retirar el dinero depositado en entidades bancarias en plazo fijo, caja de ahorro y cuentas corrientes. ¿Qué se ocultaba detrás del corralito que transformó en “bolcheviques” a cientos de miles que otrora disfrutaban de la pizza con champagne? Para todos los economistas del establishment, esta medida era necesaria para evitar una corrida bancaria. La realidad fue que la crisis tenía que ser frenada y no castigar de modo ejemplar a las principales empresas que saquearon el país durante décadas. Encontraron una solución, la misma de siempre: que la crisis la pague el pueblo. Al final de cuentas, Argentina era un experimento de las recetas económicas del FMI, la debacle debía ser controlada y sin atacar a los intereses de la burguesía financiera.

La respuesta de la clase oprimida fueron los saqueos para cubrir necesidades básicas y un constante estado de movilización de toda la sociedad. Codo a codo, el pueblo salio a las calles y puso contra las cuerdas a una clase dirigente. El saldo no fue gratuito, 39 compañeros y  compañeras de todas las edades fueron asesinados en manos de los agentes de la represión estatal. Miles fueron encarcelados y heridos, pero lo que no se hirió fue el espíritu combativo de una nueva generación que absorbió el calor del 19 y 20 de diciembre del 2001. De La Rua fue un fusible del sistema capitalista en Argentina y su renuncia en manos del pueblo produjo un aparente vacío político institucional. Pero con el correr de los días el “que se vayan todos” comenzó a atenuarse al ver que los “mismos” de siempre iban tomando nuevas posiciones en el tablero.

Un caos institucional asaltó los  reductos legislativos. Los presidentes se sucedían entre si sin poder lograr un consenso capaz de darles la fuerza para timonear el país y reencausar el curso que pretendían. Ramón Puertas, Adolfo Rodríguez Saa – con  su “memorable” default- y Eduardo Camaño desfilaron por el sillón de Rivadavia, mientras se pergeñaba una salida “más democrática” para la crisis. El 1 de enero de 2002, Eduardo Duhalde –mafioso del conurbano y gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante la presidencia de Menem- resultó electo a dedo por la Asamblea Legislativa. El mensaje era claro: se venía la mano dura para aplacar el nuevo movimiento social que cuestionaba la a democracia  representativa argentina.

Y SE ORGANIZA

Mientras, las asambleas barriales eran espacios de real intervención popular y de legitimidad absoluta. En ellas, miles de compañeros dieron sus primeros  pasos en la política, e incluso algunas –pero muy pocasse mantienen en pie, como la Asamblea del Pueblo. Si bien las asambleas fue un fenómeno mucho más ligado a los sectores de clase media o barriadas pobres de la Capital Federal, en el conurbano y el resto del país la lucha se expresó de una manera mucho más acentuada, generando diferentes bloques piqueteros que trataron de resolver una necesidad igual de importante que la falta de comida: la falta de voz para enfrentar al sistema. Las manifestaciones sucedían, ya no eran solamente los cientos que cortaban la ruta en Cutral-Co en los 90, ahora eran un mar de ancianos, jóvenes, niños, madres y desocupados que copaban las arterias de la Capital Federal y del Conurbano.

Era el “nuevo malón” y Duhalde no iba a dejar pasar la oportunidad de intentar contenerlo con la única solución que conocía, desde sus tiempos de amigo de la Triple A: reprimir, asesinar. La tropa estaba lista y la decisión tomada: así sucedieron los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en la masacre de Avellaneda. El capitalismo no conoce otra manera de parar las crisis que reprimiendo a quienes lo señalan como causante de todo los males. Pero la respuesta popular fue contundente, maciza, multitudinaria, inesperada por el gobierno asesino. El plan había fallado, era necesario retroceder; es que hay momentos en los que las balas no alcanzan para apaciguar una sociedad insurreccionada: se impone, entonces, el tiempo del engaño. ¿Qué mejor engaño que volver a resucitar la urna burguesa, llena de promesas y mentiras? ¿Qué mejor mascarada que ejecutar políticamente a uno de los causantes de la crisis –Menem- y preparar unas elecciones en las que un “desconocido” gobernador, presuntamente progresista, sea el verdugo del riojano? El establishment llamó a elecciones anticipadas para descomprimir el caos social y Duhalde apoyó la candidatura de Néstor Kirchner, otro de los “mismos” que se había fotografiado junto al genocida Videla y al vende patria Menem, al que no vaciló en calificar como el “mejor presidente de la historia!”

LA RESTAURACION CAPITALISTA Y EL PODER
DE ROSTRO AMABLE

El día que asume Néstor Kirchner, el proceso del 2001 comienza a cerrarse. Las heridas capitalistas van cicatrizándose gracias a la conciliación inconsciente entre un pueblo oprimido y su opresor. El Estado, que antes había sumergido en la malaria a la clase trabajadora, comenzaba a embellecer su discurso. Su posición progresista y su reivindicación al Peronismo más combativo no eran otra cosa que una pantalla de humo para que el pueblo perdiera sus consignas de lucha y claudicara frente al poder “omnipotente” de la gran democracia burguesa. Los mismos de siempre seguían siéndolo. La clase gobernante volvió a su lugar espurio, expropiándole al pueblo movilizado la posibilidad de ser dueño de su destino.

Las causas de por que la clase trabajadora no logró tomar el poder son varias, entre ellas las consecuencias del apoliticismo de los 90, secuela de la gran derrota de los años 70, el aparato cooptador de los partidos tradicionales y del régimen y la falta de capacidad de respuesta frente a los constantes intentos de sabotaje al movimiento popular. Lo cierto, es que siempre existe un Kerensky capaz de cortar de raíz cualquier balbuceo de revolución. La historia deberá decir que Kirchner salvó al capitalismo en Argentina. Deberá decir que en su momento más crítico, de mayor división y debilidad burguesa, al capitalismo le  fue mucho más útil y económico el voraz clan patagónico -pese a todas sus irreverencias y desplantes, con su reivindicación de épocas malditas para la burguesía, con su populismo, sus piqueteros amigos y su discurso setentista- que la dureza y la mano de hierro de los profetas del orden. Pero, también deberá decir la historia que la restauración del orden capitalista en la Argentina después del 2001 no hubiese sido posible sin la traición, la entrega y el servilismo de Hebe de Bonafini, de Estela de Carlotto, de la mayor parte de los organismos de DD.H.H; que tampoco le hubiese resultado fácil si las grandes organizaciones piqueteras no hubiesen transado con el régimen, como lo hicieron Luis D Elia y su FTV; el PCR y su CCC; Tumini y Ceballos con Barrios de Pie y Libres del Sur y muchos MTD y otras organizaciones menores. Que les hubiese sido mucho más difícil engañar  al pueblo si los centristas y reformistas de todo pelaje, desde muchos de los ex guerrilleros hasta el Partido Comunista no se hubiesen integrado al oficialismo. Los procesos revolucionarios siempre tienen la virtud de poner las cosas blanco sobre negro, dejando en el cajón de los recuerdos a la mentira, el buen discurso y el engaño político. Esta década de luchas permitió que el pueblo viera en qué canasta ponían los huevos todos estos izquierdistas de papel, los mismos que, ahora, acompañan al oficialismo en su viaje final, el que lo despojará de la máscara amable para asumir el rostro implacable del ajuste, del hambre, del tope salarial, de la inflación como robo cotidiano, y de la represión como único argumento de cierre.

La historia dirá que en esta década el Kirchnerismo le sacó las papas del fuego al régimen capitalista, que lo hizo en buena medida en provecho propio pero lo hizo. Quizás también diga que el fin de la década fue, también el fin de su proyecto. Fue útil para un incendio, no sirve para dos. Hoy, los pueblos del mundo se levantan contra sus gobernantes en todos los confines de la tierra. No hay lugar  del mapa donde no haya una protesta social en curso, una revuelta en ciernes, una rebelión en gateras. Y los pueblos se levantan contra sus gobernantes que gobiernan en nombre de los intereses sagrados del capital financiero. Pero también se levantan contra el capitalismo y la opresión, contra la miseria y la entrega. Argentina, el país profundo donde aún quedan rescoldos del 20 de  diciembre, queda cerca, muy cerca de ese mundo en revuelta y el pueblo que lo habita aprendió mucho en estos diez años. Pronto lo demostrará.


La nota fue publicada en la Revista La Maza

martes, 13 de diciembre de 2011

Entrevista a Yusseff Mohammad al-Arjentiny: Una ráfaga de verdad.

 
Yusseff es combatiente de las milicias de Misrata, principal foco insurgente conformado por obreros y jóvenes que lucharon contra Gadafi. Ahora la disputa es por no entregar las armas al organismo traidor del CNT y a los imperialistas de la OTAN. 


Por Ezequiel Alvarez 

Sus palabras sangran esperanza. Emmanuel Piaggesi ya no es el mismo joven de 23 años que partió de su Neuquén adoptivo para saciar el don más preciado de un revolucionario: sufrir y luchar por la libertad de la clase trabajadora. El norte de África lo acogió como su hijo, Libia fue su hogar y hasta sus compañeros de arma lo rebautizaron en nombre, sufrimiento y alegría. Hoy, este joven combatiente representa la verdad que recorre las arenas y todas las ciudades libias: la de un pueblo oprimido que ha ejecutado a su dictador en la lucha por romper sus cadenas con Occidente y con los traidores de siempre.

La Maza: Yusseff, ¿Qué hacías en Argentina antes de irte a del país?
Yusseff Mohammad al-Arjentiny: Era maestro de enseñanza práctica en una escuela pública de Neuquén. Participé de la manifestación donde el aparato opresor del Estado asesina al compañero Carlos Fuentealba. Tuve la oportunidad y desgracia de presenciar ese hecho. Después el pueblo rodeó la Casa de Gobierno en repudio al asesinato, ahí fue donde me agarró y golpeó la para-policía de la Asociación de Trabajadores de la Educación del Neuquén. Estuve “fichado” y perseguido durante mucho tiempo. Ese suceso fue algo que me marcó, el movimiento que se había creado en Neuquén tenía la oportunidad de derrocar al criminal de Sobisch, y en cambio todas las direcciones burócratas y burguesas traicionan esa lucha,  traduciendo esa sangre derramada en un aumento de 400 pesos.

LM: ¿Cómo llegaste a Libia?
YMA: Había estado un tiempo en Palestina y luego me fui a Egipto. Mi idea era volver a Palestina, pero me encuentro con el proceso que terminó con la renuncia de Hosni Mubarak, que inmediatamente contagia a Libia y explota en Bengazhi. En ese momento me intereso por la causa libia y cruzo la frontera. Esto fue aproximadamente en marzo del 2011. No conocía a nadie, apenas piso suelo libio me propongo como objetivo tratar de saltar el muro mediático e informar todo lo que sucediera a los contactos que tenía en Argentina. En los centros de información, trabajando con la prensa, comienza mi relación con la Revolución Libia.  

LM: ¿Cómo te vinculas a la resistencia?
YMA: Un día salimos con un grupo de periodistas a cubrir un enfrentamiento en Ajdabiya. A partir de ese momento me di cuenta que mi deber era colaborar en un plano militar y que mi tarea como colaborador de la prensa tenía que ser secundaria. Aún como “periodista”, continúo avanzando con los milicianos en el terreno hasta que el resto de la prensa decide volver y me quedo solo con los milicianos. Esa tarde-noche tomamos la ciudad. No se veía mucho porque era una noche sin luna y las condiciones no eran buenas. Como manejo el árabe, comenzaron a pedirme ayuda y empecé a ayudar sumándome a las actividades. Muchos de los milicianos salían al combate con cuchillos y palos, la única forma que teníamos de hacernos con un arma de fuego era quitándoselas al Ejército. Esa fue una de mis primeras tareas, ya que las tropas regulares se habían retirado, dejando atrás todo el material de guerra. Para ese entonces, ya era el argentino que acompañaba a las milicias.

Los “mercenarios” de la OTAN

LM: ¿Recibiste algún tipo de entrenamiento para el combate en Libia?    
YMA: No, fue todo muy rudimentario. Aprendíamos a medida que los combates se sucedían, salvo los soldados de base que se pasaron para las filas de la milicia. Pero su instrucción también era bastante pobre, porque convengamos que las únicas que estaban muy bien entrenadas y armadas eran las brigadas de los hijos del dictador. Estos grupos - llamados Katibah- eran paramilitares encubiertos que se encargaban de la defensa de la familia de Gadafi y eran los que más resistencia oponían en los combates.

LM: ¿Quiénes componen las milicias?
YMA: Mis compañeros de armas eran obreros. Había trabajadores de la industria de los barcos, metalúrgicos, mecánicos, cafeteros, camioneros, taxistas, petroleros, etc. Estábamos organizados de una manera muy simple: el que te dirigía constantemente en el campo de batalla era alguien que veías que no ibas a poder seguir, porque era el primero en cargarse las municiones y la ametralladora para arremeter contra el enemigo. Se ganaba el respeto de todos nosotros porque hacia las cosas que la mayoría no podía hacer. Durante la primera parte del combate de Misrata, nos dirigió un compañero que era bastante táctico, siempre estaba a la par nuestro y nunca llevaba un ametralladora –porque decía que no la necesitaba-, pero si una granada, ya que antes de dejarse atrapar se iba a inmolar. En la segunda etapa del combate, nos comandó un “tachero”. Esas eran las personas que a las que respetábamos, personas emergidas del pueblo. En la parte operativa, habíamos tomado ciertas medidas como exigir tarjetas de identificación -confeccionadas por nosotros- para todo aquel que portara armas para evitar el robo de armamento. También, a aquel que se lo encontraba culpable de traición, se lo mataba luego de un breve tribunal miliciano. No había muchas oportunidades para equivocarse. Ni mucho menos para tener el coraje de levantar la voz, si ese mismo coraje no lo si habías demostrado en el campo de batalla.

LM: ¿Cómo funcionaba la vida civil del país durante esos meses de intenso combate? ¿Quién se encargaba de la atención médica y la comida?
YMA: Lo que convence aún más de la lucha y me da fuerza para seguir adelante, es que se generó una especie de sociedad anárquica. Nadie mandaba y todos sabían qué hacer. Había un grado de solidaridad y fraternidad total, todo estaba al servicio del pueblo. Como las milicias eran el pueblo, las empresas expropiadas por los trabajadores producían petróleo y nafta para las camionetas que habíamos expropiado y acondicionado para el combate. Los alimentos se distribuían igualitariamente por voluntarios o milicianos a todo el pueblo. Durante un tiempo me desempeñe en esa actividad. El pan se regalaba, el agua se regalaba, en fin, todo era producido por el pueblo así que debía ser del pueblo. Nunca nos llegó nada del programa de las Naciones Unidas. Casi siempre comíamos una especie de tuco aguachento con algunos porotos y un pedazo de pan. Salvo cuando hacíamos algún atraco en los barrios del ejercito y expropiábamos la mercadería, que la repartíamos entre el pueblo.

El bufón y su séquito

LM: ¿Cuál era la imagen que se tenía de Gadafi antes de estallar la revolución? 
YMA: Muchas personas mayores -que habían vivido el ascenso al poder de Gadafi- revindicaban sus principios. Aún añoraban esa imagen de líder popular que afirmaba que el poder iba a estar en manos del pueblo y que atacaba abiertamente al imperialismo. En cambio, la gente más joven – que nació, se crío y vivió con lo más nefasto y represivo del gadafismo – opinaba todo lo contrario. Estas nuevas generaciones han vivido una serie de sucesos que los marcan a fuego, como cuando cuelgan a varios opositores al régimen en una mezquita y el proceso de la guerra de Irán y Afganistán, donde el dictador claramente se pone del lado de Bush. Entonces ellos se preguntaban “¿No es Gadafi el que nos dice desde hace 40 años que no debíamos aprender ingles por que el imperio habla ingles y ahora se pone de su lado?”. Había un discurso muy fuerte contra el imperialismo, y eso se ve tanto en las personas más adultas como en los jóvenes, que no lo apoyaban por haber hecho lo mismo que “combatió” en sus inicios. Otro de los hechos que marcó al pueblo fue la desaparición de los 1200 presos que participaron en un motín en 1996, que recientemente aparecieron en fosas comunes. Se vivían situaciones tensas hasta por detalles o bromas. Un día le hicieron un chiste Saadi Gadafi, quien jugó en los equipos del cual su padre era accionista. Un grupo de vecinos - de un barrio muy pobre-  le pusieron la camiseta de Saadi a un burro y lo largaron a la calle. Varios soldados, al ver semejante burla,  acribillaron al animal. Había odio contra Gadafi, porque las generaciones oprimidas ni siquiera podían “escapar” mediante la cultura o el esparcimiento. Las únicas actividades que se podían hacer era jugar al fútbol o salir a caminar. 

LM: Actualmente existen corrientes políticas que se desprenden del progresismo estalinista, del Foro Social Mundial, del castrismo y chavismo, que consideraban a Gadafi como el patriota nacionalista que levantó el nivel de vida del pueblo libio y que esta es una insurrección basada en la ayuda de la OTAN para apoderarse el petróleo. ¿Cuales son las banderas de pelea de las milicias?
YMA: Para comprender los motivos hay que analizar el comienzo de esta insurrección. Los principales motores del pueblo libio fueron las necesidades básicas de comer y vivir. Si bien explota por otros motivos, el malestar era muy generalizado y profundo dentro de la clase trabajadora libia. Por darte un ejemplo, hasta se les complicaba  casarse ya que -según la costumbre musulmana- para hacerlo es necesario tener dinero para ofrendar una especie de “dote”. Había una gran parte de la población que hasta de ese simple derecho estaba privada, incluso muchos morían vírgenes a los 50 o 60 años. Esto es un dato casi anecdótico comparado con la situación de hambre que sufre gran parte de la población. En un país donde haces un pozo con una pala y brota petróleo, tenés barrios desastrosos y la gente viviendo en una miseria extrema. Libia tiene una población aproximada de  seis millones de habitantes y en su mayoría están concentrados en las metrópolis. En cada una de las grandes ciudades son infinitas las necesidades que uno puede observar en infraestructura. Viven entre cloacas rebalsadas y calles sin asfaltar, imagen fácil de asemejar con una villa miseria.

LM: ¿Como vivían las personas que trabajaban o tenían una relación estrecha con el régimen?
YMA: Vivían como privilegiados. Llegaron a crear una grupo que se llamaba Al-lejan Thawryia, maquillado como “grupo revolucionario” por el dictador. Cualquiera que era miembro de este grupo -es decir que tenía que hacer tareas de inteligencia, raptar y cualquier cosa necesaria para instaurar el terrorismo de estado- sería recompensado con bienes materiales. Algo muy evidente cuando ingresábamos a las casas de alguna de estas ratas. Eran grupos de adinerados, leales a Gadafi y traidores al pueblo libio. En Misrata, a todos los que tenían una credencial de Al-lejan Thawryia se los mató. Este accionar, junto con el honor de que en nunca cayó una sola bomba de la OTAN en la ciudad, hizo popular a las milicias de Misrata y nadie nos pudo arrebatar nuestro legitimo triunfo, como si ocurrió en Bengazhi. Nosotros, el pueblo de Misrata, echamos a las más de nueve brigadas que mandó el dictador para aplastarnos. Recuerdo que apenas llegue a la ciudad, un hombre de 50 años me invitó a ver su ametralladora, prometiéndome que era la mejor que iba a poder ver. Al entrar a la humilde vivienda, extendió las manos y me enseño una barreta. Me quede asombrado. El hombre se trepaba a los tanques del Ejército con un bidón de nafta y la barreta, forzaba la escotilla y los prendía fuego con los soldados dentro. Luego, cuando ya la lucha estaba avanzada, logramos sacarle al Ejército misiles RPG, con los que lográbamos quebrarles las orugas a los tanques. A todo aquel que se ensucia la boca hablando e insulta a mis compañeros y a la sangre de los caídos diciendo que somos tropas terrestres de la OTAN, les digo que todas las armas que usamos eran viejas y de fabricación rusa. Las mismas que le habían dado la Unión Soviética al gobierno de Gadafi. No recibimos plata, armas ni chalecos por parte de nadie. No se entiende cómo puede haber estúpidos que vean en un diario la imagen de un miliciano con una vieja AK-47 y se digan “a estos los armó el imperialismo”.

LM: ¿Qué opinaban los milicianos del supuesto acuerdo táctico que había con la OTAN?
YMA: Sobre ese supuesto acuerdo se habló mucho más fuera de Libia que dentro. Lo que pudieron ver y tantear los milicianos fue el primer ataque a la ciudad de Bengazhi contra el Ejercito. En este punto quiero detenerme, porque hay que tener en cuenta que el ataque de la OTAN se produjo cuando ya las milicias habían repelido a las tropas de Gadafi. Luego la OTAN se carga injustamente al hombro el triunfo que les correspondía a los milicianos y ensucian la imagen de la Revolución Libia. Fueron las milicias las que en el puente del barrio de Al-Thawra habían frenado al Ejército. No fueron los aviones, ni Sarkozy, fue el pueblo. En el campo de batalla jamás se vio un ataque de la OTAN. No teníamos comunicaciones en común, no las queríamos tener, y si nos llegaban rumores los desatacábamos. Es más, existió lo que mal denominan “fuego amigo” por parte de los aviones de occidente.  Varios grupos de convoys milicianos que trasgredieron las “líneas rojas” que limitaban el terreno de combate, fueron bombardeados. Recién empezada la revolución, habíamos logrado –con la ayuda de alguno de los compañeros que eran mecánicos- poner en perfecto estado a más de 40 tanques cargados a tope de municiones y misiles. Esa ofensiva iba a ser decisiva y acortaría los plazos de la caída del gobierno, dando un triunfo aplastante sobre las fuerzas del régimen. El plan era entrar a Brega, controlar la ciudad para luego ir en apoyo a Misrata, tomar Sirte y luego entrar en masa a Trípoli. Ante la inminente victoria -por parte de estas milicias con un alto grado de anarquismo- la OTAN bombardeó los tanques criminalmente con los milicianos dentro. Fue impresionante, primero sentimos los aviones, luego la explosión y después la onda expansiva de calor de las detonaciones. El “fuego amigo” no existe cuando los misiles y bombas que tiran estas ratas imperialistas tienen un margen de error de metros. Detonaron una formación de decenas de tanques con banderas de las milicias, muy fáciles de divisar desde las imágenes de satélites o desde el aire. Esa masacre fue registrada por varios medios burgueses mundiales que estaban presentes, pero pactaron no hacer público lo sucedido.

LM: ¿Cuál era la relación con el gobierno del Consejo Nacional de Transición (CNT)?
YMA: Desde un primer momento al CNT no se lo vio como algo fuerte y con buenos ojos. No era una autoridad dentro de las milicias, ni en Misrata  y menos en Bengazhi, donde los combates fueron en el desierto y era una total anarquía. Nunca  vino un representante oficial del gobierno a decirnos “hagan esto o lo otro”. Nos llegaban mensajes que nos querían imponer -por parte de la OTAN y el CNT-  límites de combate en el terreno, que eran desacatados todo el tiempo. Aparte, el CNT no es respetado porque esta conformado por ex gadafistas. Uno de estos que se pasaron de bando fue Abdel Fatah Yunes,  -Ministro del Interior gadafista- que fue ajusticiado por su pasado y porque, cumpliendo funciones para el gobierno de transición, no dejaba avanzar a las milicias en Brega, Bengazhi. Ese personaje también sostenía que había que tener una comunicación fluida con la OTAN y acatar sus órdenes. Mientras este traidor decía eso,  las milicias avanzaban –sufriendo incontables pérdidas- y demostraban que por si mismas estaban derrocando a la dictadura. Claramente su ajusticiamiento fue un ejemplo, y a partir de ese momento noto que nuestros enemigos comienzan a tapar el verdadero accionar miliciano. Algunos integrantes del CNT quisieron tener actitudes demagógicas para ganarse al pueblo. El perro de Mustafá Abdeljalil, que fue Ministro de Justicia de Gadafi y ahora es el Presidente del gobierno de transición, se ganó un sector religioso cuando dejó “plantado” –según el dicho popular- a la basura de Sarkozy por irse a rezar. Ese sector lo apoya por algo que nunca se va a saber si realmente hizo. Pero en definitiva hay una mayoría popular que no se identifica con el, ni con Khalifa Haftar, que estuvo 20 años viviendo en Estados Unidos y ahora quiere venir dar ordenes a los libios.

LM: ¿Había sectores populares organizados,  más allá de las fuerzas armadas de elite,  que defendieran a Gadafi? Porque otra de las ideas instaladas es que en Trípoli hubo una resistencia popular en defensa de su régimen.
YMA: No. Primero, si hubiera sido así, era imposible diferenciar a supuestos sectores populares gadafistas organizados del Ejército regular, ya que todos vestían iguales y tenían los mismos tipos de armamentos. Había un grupo de Muwtattawein – es decir voluntarios -, que fueron los primeros que se rindieron sin tirar un solo tiro y salían a la calle a decirnos que nos apoyaban. Nosotros marchamos desde un pueblo en las afueras de Misrata hacia Trípoli. Cuando llegamos a la capital, no recibimos tiros sino muestras de simpatía de la población civil. Las personas nos recibieron con los brazos abiertos, nos consideraban una milicia de liberación.

La dignidad de un pueblo.

LM: Ya caído Gadafi, ¿Que empezaron a debatir la clase trabajadora y los sectores más radicalizados?
YMA: Se afianzó la idea de que las armas no las vamos a entregar de ninguna manera. Se sangró mucho para conseguir un rifle. Entonces, el arma no significa solamente una herramienta de poder y un símbolo de lucha, sino que esta sostenido con la vida de los mártires. El nivel de armamento distribuido en el pueblo es masivo. Esa es nuestra democracia, y desde los inicios era algo que no se iba a negociar, al igual que la certeza de que si las milicias capturaban a Gadafi nadie lo iba a entregar al CNT ni a ningún país extranjero. Las únicas manos que podían hacer justicia ejecutándolo eran las del pueblo. Los compañeros que lo capturaron y lo ajusticiaron son considerados popularmente como héroes. Cuando se conoció la noticia, hubo manifestaciones de alegría por las calles. El que se lamenta de que no lo pudieron juzgar, es simplemente un traidor. Cuando vi las imágenes del momento de su captura sentí orgullo.

LM: ¿Ese era el final para Gadafi que querían el CNT y la ONU?
YMA: Definitivamente no era el que sucedió. Nos querían imponer que si capturábamos a algún defensor de régimen -por más bajo que sea su rango-, lo entregáramos a unos puntos u oficinas que ellos iban emplazar. Jamás lo hicimos. Al que no encontrábamos culpable lo dejábamos libre y el que era culpable lo ajusticiábamos. Generalmente tratábamos de no matar, salvo en el campo de batalla. Hoy en día en Libia hay una persecución por parte de la burguesía contra los compañeros que ajusticiaron a Gadafi. Existe una encarnizada campaña de desprestigio contra los autores materiales, que utilizan para tapar una gran verdad: por más que una sola persona haya sido la que apretó el gatillo, fue el pueblo el que aprobó ese final. Por suerte hay un desacato total por parte de las masas en Misrata hacia el CNT, y va a continuar de esa manera. El CNT prevé conflictos con el pueblo y ha empezado a crear grupos de “guardias civiles”, es decir su propio aparato represivo. Hay asesores extranjeros de la OTAN que están ligados al CNT con el objetivo de controlar a las milicias. De hecho, al inicio del conflicto los milicianos capturaron a cuatro asesores franceses y mataron a dos de ellos. El imperialismo –junto con sus colaboradores- utilizara cualquier táctica para desarmar al pueblo. Es nuestro deber, así como el de una verdadera izquierda revolucionaria, apoyar a las milicias. No solo en Libia, sino en cualquier lugar del mundo donde un pueblo se alce contra su clase opresora y emprenda el camino hacia su verdadera libertad.


Una clase, una lucha

LM: ¿Cómo se expresa el pueblo libio frente a la causa palestina?
YMA: Hay un grado de solidaridad impresionante, no solo con los palestinos sino con todo el mundo árabe y musulmán. Ellos -por una cuestión religiosa- se lavan mucho las manos y me decían que no abra mucho la canilla porque hay hermanos en África que no tienen agua. Poseen una conciencia que los identifica con la lucha de los pueblos oprimidos. De hecho, había palestinos en las filas milicianas. Así como también egipcios, bosnios, macedonios –pero estos últimos vivían en el país previo al estallido revolucionario-.En relación a la lucha palestina, los libios no hablan de que es un enfrentamiento contra los judíos, sino que es contra los sionistas. No rebajan el conflicto a un aspecto religioso y son muy tolerantes, más allá de alguna discusión normal, pero que no trasciende al aspecto económico, social ni militar para comprender la lucha de liberación palestina. Gadafi tenía una comunicación fluida con los servicios de inteligencia sionistas. La imagen popular sobre el ex dictador era de soporte, “buchón” y gendarme de Israel. Hay algo que lo vi con mis propios ojos, cuando entrábamos a los bunkers de los gadafistas encontrábamos armas israelíes. Armas que estaban completamente prohibidas para la venta civil y calibres que no son comerciales.

LM: ¿Cómo ves los otros procesos revolucionarios que se están llevando adelante en el Magreb?
YMA: En Egipto y en Túnez, las masas no llegaron a tomar las armas al Estado porque hubo maniobras que las engañaron. Un hecho fundamental –como lo sucedido en Egipto- fue que el Ejército se “pasó” del lado del pueblo. La población confió en que se había ganado el apoyo de las fuerzas armadas, que los iban a defender, ya que estaban instruidos militarmente. Por ende, no iban a tener la necesidad de armarse. Ese mismo Ejército era el que custodiaba a Mubarak, líder de un régimen que propagó miseria y hambre extrema en cada rincón del país. Todas estas luchas en el Magreb y el norte de África tienen un denominador en común, el pan no alcanza.



La nota fue publicada en la Revista La Maza